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"El Sol de Aura no está solo, le acompañan un lagarto, pájaros, círculos y otros".

Dr. Sergio González Miranda, Premio Nacional de Historia 2014, Diario La Estrella de Iquique, edición 24 de junio 2022.

Este martes 21 de junio fue el solsticio de invierno, también conocido como Machaq Mara o año nuevo aymara. Acertadamente el Congreso desde el año pasado estableció, por medio de la ley 21.357, este día como el de los pueblos originarios de Chile, dejando al controvertido 12 de octubre como una celebración diferente.

Sin duda, el sol fue el protagonista este pasado martes, destacándose en una importancia que los antiguos habitantes de nuestra región ya conocían y que lo expresaron de diversas maneras en el propio territorio. Son muchos los vestigios e indicios que dejaron en geoglifos, petroglifos y pinturas rupestres. Esas huellas de memoria expresan la importancia que le daban a la estrella que le da vida a nuestro planeta.

Uno de esos vestigios lo encontramos en un cerro que se encuentra a vera de la ruta 5 Norte, en límite salitrero que separa al cantón Huara con el cantón de Negreiros. Allí se encuentra un mirador denominado Ex Aura, está muy bien señalizado. El viajero o viajera se puede detener allí, idealmente de madrugada cuando el sol ilumina a ese cerro cuyo nombre es Rosita y podrán observar en su cumbre un sol con puntas perfectas como si fuera una corona. Según el historiador Alberto Díaz Araya, el Sol de Aura se alinea con el Tata Jachura, principal Mallku o cerro sagrado de Tarapacá. Por su parte, el destacado especialista Luis Briones Morales, quien además fue su restaurador, nos dijo que, al encontrarse en el borde oriental de la cordillera de la costa, enfoca su relación con el cerro Unita y Ariquilda. Posiblemente ambos tienen razón. El solsticio puede ayudar a dilucidar esa relación entre el Sol de Aura y los cerros sagrados de nuestro misterioso territorio.

El Sol de Aura no está solo, le acompañan un lagarto, pájaros, círculos y otros geoglifos antropomorfos. Luis Briones nos afirmaba que este sol era uno de cinco que había localizado en la faja desértica de Tarapacá, todos diferentes y magníficos, engastados en las laderas de los cerros. Y, posiblemente, fueron esenciales demarcadores de rutas de caravaneros y llameros precolombinos que unían la cordillera y la costa. Esos caravaneros y llameros, gracias a los vestigios del pasado, siguen dialogando con nosotros, porque el sol nunca perderá su relevancia vital, más aún hoy cuando la astronomía, con la acreditación starlight o cielos limpios de la comuna de Pica, ha llegado a nuestra región para ser parte también de nuestro futuro.

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