En una etapa marcada por la consolidación de su trabajo, el consorcio “Ciencia e Innovación para el Futuro” anunció la apertura de sus fondos concursables 2026, seis instrumentos destinados a potenciar la investigación aplicada, la innovación y la formación académica en sus instituciones integrantes: la Universidad Mayor, la Universidad de Atacama, la Universidad Autónoma de Chile y la Universidad de Tarapacá.
La convocatoria se enmarca en el cuarto año de ejecución del proyecto y representa un punto de inflexión en su desarrollo.
“Estamos en una etapa de consolidación, donde ya hemos revisado las bases de los concursos y cumplido con los indicadores de años anteriores y abrimos estos fondos principalmente para apoyar la investigación y también a la docencia de pregrado y postgrado, como también para consolidar las actividades que hemos hecho anteriormente”, explica la doctora Karina Bravo, coordinadora académica del doctorado en Ciencias Aplicadas y Gestión de la Vicerrectoría de Investigación y Doctorados de la Universidad Autónoma de Chile y lideresa del eje de vinculación con el entorno socioeconómico del consorcio.
Financiamiento para acelerar la investigación aplicada
Entre los instrumentos destacan los fondos CREA 2030 y el fondo i+e (innovación y emprendimiento), ambos con financiamiento de hasta $5 millones. Uno de sus focos es su orientación hacia las ciencias aplicadas. Buscan dar respuesta a problemáticas concretas del entorno, promoviendo soluciones con impacto directo en los territorios donde se emplazan las universidades del consorcio.
CREA 2030 busca potenciar la investigación y desarrollo, apuntando a soluciones tecnológicas o productivas en vinculación con la industria y la sociedad civil. En el equipo postulante debe participar al menos una persona que pertenezca a uno de los programas o carreras del consorcio.
Por otro lado, el fondo i+e busca generar soluciones tecnológicas con potencial de transferencia e impacto económico y social en la región y el país. Adicionalmente, exige la participación de una entidad externa, ya sea empresa privada, institución pública, ONG u otra, la cual deberá realizar un aporte pecunario o valorizado a la propuesta, que se puede traducir en financiamiento, uso de instalaciones, equipos, información o capital humano.
“Lo que se busca es fomentar un trabajo colaborativo que resuelva problemáticas locales, territoriales y que sus resultados de investigación sean potenciales a otros fondos, a un desarrollo de proyectos de tesis con estudiantes o a una línea de licenciamiento, algún futuro patentaje o publicación”, señala Carlos Ardiles, director ejecutivo del consorcio.
A ellos se suma el fondo de titulación, dirigido a estudiantes de pre y postgrado, que entrega hasta $1 millón para el desarrollo de tesis vinculadas al entorno socioproductivo, además del fondo Desafía EBCT, orientado a la creación de emprendimientos de base científico-tecnológica, que incluye financiamiento y acompañamiento en aspectos como modelo de negocio, propiedad intelectual y gestión tecnológica.
Movilidad e integración entre universidades
Otro componente clave de la convocatoria son los fondos de movilidad académica y estudiantil, que buscan fortalecer la colaboración entre las cuatro universidades del consorcio. A través de estos instrumentos, estudiantes y académicos pueden realizar pasantías, estancias de investigación, cursos o actividades conjuntas en alguna de las otras instituciones.
“Esta iniciativa permite a moverse dentro de las instituciones del consorcio, conocer otras realidades, otras problemáticas y generar vínculos para desarrollar investigación, publicaciones y aspectos de gestión tecnológica”, destaca Ardiles.
Resultados que proyectan crecimiento
Los fondos concursables ya han demostrado su impacto. Durante la convocatoria anterior, se adjudicaron la totalidad de los recursos disponibles, con proyectos que abarcan desde soluciones energéticas basadas en biogás hasta un sistema predictivo de acumulación de horas frío en cerezos basados en Inteligencia Artificial.
Además, estos instrumentos han permitido generar continuidad hacia fondos nacionales de mayor envergadura, consolidándose como una plataforma de impulso para la investigación y la innovación.
“El rol de acelerar las investigaciones que se están haciendo previamente es clave y es una de las mayores contribuciones del consorcio a fortalecer el currículum y la formación pregrado y postgrado, como también la productividad. Creo que es muy importantes que existan, porque la mayoría han tenido continuidad a otros grandes fondos que han sido adjudicados a nivel nacional”, señala Bravo.
También enfatiza en cómo se han consolidado como instrumentos dentro del consorcio en base a las experiencias de años previos: “Hubo un análisis crítico de las convocatorias anteriores y nos retroalimentamos de lo que nos informaron los equipos directivos y los grupos de investigación” añadió, destacando que esto derivó en que se abrieran todos los fondos actuales.
Un rol articulador en los territorios
Más allá del financiamiento, los fondos cumplen un rol estratégico en el desarrollo del consorcio, al articular a estudiantes, académicos, instituciones y actores del entorno socioproductivo.
“Los fondos son herramientas que investigadores, investigadores y estudiantes de pre y postgrado pueden ir utilizando para poder desarrollar sus investigaciones, trabajo de tesis, conocerse y movilidad interconsorcio. Entonces, es un rol articulador fundamental y territorial que nos permite el proyecto Ciencia 2030 conectar con las distintas universidades”, concluye Ardiles.
Con esta nueva convocatoria, el Consorcio Ciencia e Innovación para el Futuro refuerza su compromiso con una ciencia conectada con la sociedad, impulsando soluciones desde la academia hacia los desafíos reales de los territorios.
Fuente: desafíaciencia.cl
