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Dr. Sergio González Miranda, Premio Nacional de Historia 2014, diario La Estrella de Iquique, edición 09 de abril de 2021.

No solo valoro, sino que admiro profundamente a la minería, he dedicado gran parte de mi vida profesional al estudio de la industria del salitre. Soy un convencido que no solo nuestra región es minera, sino Chile ha sido y sigue siendo minero. Tanto es así que nuestra identidad como país está indisolublemente unida a la minería, por lo mismo, los vestigios que nos legaron los antiguos de sus actividades mineras de la plata, oro, cobre, bórax, sal, etc., son ahora patrimonio y debemos protegerlo para no perder esa piedra angular de nuestra identidad. En Europa, México y otros lugares, los pueblos mineros se han transformado en importantes fuentes de ingreso por el turismo sustentable, por lo tanto, el patrimonio salitrero puede entregarnos un segundo venero de riqueza para la sociedad.

Por lo anterior, es que me resulta incomprensible que exista cierta indiferencia hacia las ruinas y el paisaje salitreros de nuestra región. La industria del salitre en Chile nació en Tarapacá, por lo mismo, no existe en ninguna otra parte del país ni del mundo vestigios tempranos de esta minería. Las oficinas de Parada, aquellas que lixiviaban el salitre a fuego directo en grandes hornos de fierro, y que se utilizaron en toda la pampa del Tamarugal, solo existieron en nuestra región. Sin embargo, quedan muy pocas de estas oficinas de Parada para que las generaciones futuras puedan conocer el origen de una industria que fue el pilar económico del país por casi medio siglo.

Negreiros fue uno de esos cantones salitreros donde todo comenzó. Allí trabajaron pioneros como Francisco Esteban García, Felipe Bustos, Manuel Flores, Matías Ramírez, Mariano Murcia, José M. Castilla, José Basilio Carpio, entre otros. Quizás olvidamos sus nombres, pero esos apellidos todavía se conservan en nuestra región.

He sabido de un proyecto de explotación de yodo precisamente en Negreiros y otros cantones, como Huara, que podría dejarnos solo con una fracción de lo poco que nos dejaron proyectos similares anteriores. Y, de paso, también afectaría al patrimonio precolombino y de historia militar. ¿Por qué sucede esto cuando hay miles de hectáreas disponibles para estas empresas de yodo sin vestigios patrimoniales de ningún tipo? Confío en que hemos avanzado lo suficiente como sociedad civilizada para ver que, por virtud de la conciencia patrimonial, el respeto a la ley y la ética, los vestigios históricos y paisajes salitreros sean protegidos.

“La industria del salitre en Chile nació en Tarapacá, por lo mismo, no existe en ninguna otra parte”.

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