
En los laboratorios de prototipado de la Universidad de Tarapacá (UTA), la tecnología de impresión tridimensional se puso al servicio de la historia local. En el marco del proyecto ministerial MINEDUC 2495, liderado por el Centro de Gestión Chinchorro, un equipo de estudiantes asumió el desafío de modelar réplicas a escala de momias artificiales, creando herramientas didácticas pensadas para ser manipuladas directamente por escolares.
Sobre el sentido social de este trabajo, la directora general de Vinculación con el Medio UTA, Dra. Daniela González Érber, destacó que “para nosotros es sumamente importante este tipo de actividades y sobre todo este proyecto (…) porque es el claro ejemplo de lo que significa la bidireccionalidad dentro de la Vinculación con el Medio”.
“Aquí tenemos a la academia, a través del Departamento de Ingeniería Mecánica y sus estudiantes, poniendo sus conocimientos técnicos al servicio del territorio y de la puesta en valor de nuestro patrimonio Chinchorro. Al mismo tiempo, nuestros futuros profesionales fortalecen sus competencias formativas trabajando en un desafío real (…) que va a llegar directamente a las aulas de los colegios de nuestra región para enriquecer el aprendizaje de niños y niñas”, agregó la directora.
La propuesta refleja un trabajo colaborativo donde ambas partes se benefician: los colegios acceden a herramientas pedagógicas innovadoras para sus salas de clases, mientras los universitarios ponen a prueba sus conocimientos resolviendo una necesidad real del entorno. Para lograrlo, el grupo adaptó registros arqueológicos a programas de diseño digital y calibró impresoras 3D para obtener figuras resistentes que los escolares podrán pintar con sus propias manos, comprendiendo de manera cercana cómo se realizaba este proceso fúnebre.
En esa misma línea, el director del Departamento de Ingeniería Mecánica y Mecatrónica, Dr. Eduardo Gálvez Soto, relevó el aporte de la disciplina técnica a la comunidad al señalar que “para nosotros como departamento (…) es fundamental involucrarnos en estas iniciativas. Esta articulación nos permite demostrar la versatilidad de la ingeniería mecánica (…) a través del diseño computacional y la manufactura aditiva, aportando directamente a la cultura y la educación. Ver a los estudiantes liderando la modelación y producción de estas piezas confirma el valor de vincular la docencia aplicada con las necesidades de nuestra comunidad regional”.
Esta articulación responde al Nodo de Calidad de Vida, Equidad e Inclusión de la UTA, en sintonía con el ámbito de Cultura y Patrimonio. Al acercar estos recursos a las aulas, la institución busca acortar brechas educativas y fortalecer la identidad regional desde la infancia como parte del bienestar y desarrollo de la comunidad.
La fabricación estuvo a cargo de los estudiantes de quinto año Richard Gutiérrez Mayta, de Ingeniería Civil Mecánica, junto a David Castañeda Mamani, Alan Muñoz Muñoz, Carlos Molina Vargas y Edgard Yampara Mamani, de Ingeniería Mecatrónica, quienes debieron balancear la resistencia del material para el uso escolar con el detalle histórico de los vestigios.
Desde el equipo universitario detallaron que “fue un desafío bastante interesante porque tuvimos que adaptar modelos digitales anatómicos a los parámetros específicos de impresión 3D (…) considerando tiempos de producción, consumo de filamento y la resistencia de cada figura. Salir de los ejercicios teóricos del aula y aplicar lo aprendido en un encargo que tiene una utilidad directa para los colegios de la región es sumamente gratificante (…) vemos cómo lo que estudiamos tiene un impacto real en el entorno”.
Las piezas fueron entregadas al antropólogo físico e investigador, Dr. Bernardo Arriaza, en representación del Centro de Gestión Chinchorro, quien subrayó que “estas réplicas tridimensionales cumplen un rol pedagógico y de divulgación invaluable. Al entregarse en color blanco (…) permiten que los escolares se conviertan en protagonistas: pueden tocarlas, pintarlas e interactuar de forma vivencial con las técnicas de momificación que utilizaban las poblaciones Chinchorro (…). Democratizar este patrimonio en las escuelas es clave para afianzar la identidad regional y proyectar el cuidado de un sitio reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO”.
El material llegará a las escuelas mediante talleres donde los mismos equipos guiarán a los niños y niñas al momento de pintar e interactuar con las piezas, demostrando cómo el aprendizaje universitario se traduce en un aporte concreto para las salas de clases y la memoria histórica de Arica y Parinacota.




