Comunidad universitaria homenajeó de manera póstuma a tres académicos(as) cuyo legado permanecerá en espacios emblemáticos de la UTarapacá

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El edificio de la Facultad de Ciencias Agronómicas, el Aulario "A" y la Sala 314 de la Facultad de Educación y Humanidades, fueron reconocidos de manera póstuma con los nombres de los profesores Eugenio Doussoulin, Ángel Henríquez y Daniza Velis, respectivamente, en reconocimiento a su legado y aporte al desarrollo institucional.

En una emotiva ceremonia, la Universidad de Tarapacá descubrió las placas conmemorativas que identifican estos espacios con los nombres de los tres académicos homenajeados. La actividad se realizó en compañía de sus familias, autoridades universitarias, colegas, amigos y miembros de la comunidad universitaria, quienes participaron en un reconocimiento póstumo destinado a preservar la memoria y el legado de quienes dedicaron su vida al servicio de la educación superior.

“Hay personas que consagran su vida a enseñar, a servir al prójimo, a entregar lo mejor de sus talentos a las nuevas generaciones, a impactar en la sociedad, y por eso nosotros hemos hecho un alto en el camino para hacer un sentido homenaje póstumo a tres grandes académicos en la historia de nuestra universidad, a don Ángel Henríquez Aguilera, a doña Dániza Vélis Galleguillos y, por cierto, a don Eugenio Doussoulin Escobar. Grandes académicos, grandes personas, un ejemplo de lo que hacen los académicos en la Universidad de Tarapacá”, expresó el rector, Dr. Emilio Rodríguez.

Un legado que permanece en la Universidad

Los tres académicos fueron reconocidos por una permanente vocación de servicio, la formación de generaciones de estudiantes y, desde distintos ámbitos disciplinares y responsabilidades institucionales, por su contribución permanente al desarrollo de la casa de estudios, dejando una huella que hoy permanece en la memoria de sus colegas, estudiantes y familias, y de forma simbólica en los espacios universitarios que desde ahora llevan sus nombres.

El profesor, exdecano y destacado directivo de la UTA, Eugenio Doussoulin Escobar (QEPD), dedicó gran parte de su vida al desarrollo de la institución, dejando una huella perdurable gracias a su vocación de servicio, liderazgo y permanente compromiso con la educación superior. Su aporte al fortalecimiento de las ciencias agronómicas y su permanente disposición al trabajo colaborativo marcaron profundamente a quienes compartieron con él su quehacer universitario.

Estos aspectos fueron destacados por quien fuera su colega y actual decana de la Facultad de Ciencias Agronómicas, Dra. Pilar Mazuela Águila: “Eugenio fue más allá de lo que es la Facultad, lo que fue el Instituto. Él tenía mucho arraigo en la comunidad de los valles de Azapa y Lluta, de todo lo que es la macrorregión, porque él llegó desde Collipulli, donde nació, luego estudió en la U. de Concepción y llegó a los 24 años aquí, con la corporación de reforma agraria. Cuando aquí, donde estamos ahora, esto que se ve tan verde, eran puras piedras”.

Como expresión de gratitud, la UTA dispuso que el edificio de la Facultad de Ciencias Agronómicas lleve el nombre del profesor Doussoulin, perpetuando de este modo el legado de quien contribuyó de manera decisiva al crecimiento y fortalecimiento de esta unidad académica.

Su hijo, Jean-Pierre Doussoulin, compartió unas palabras en nombre de la familia: “Evocar su nombre es convocar la imagen de un servidor en el sentido más noble y amplia de la palabra. Mi papá no fue un espectador de su época, fue un constructor, un visionario, que asumió uno de los desafíos más nobles que un ingeniero agrónomo puede trazar: el de hacer florecer el desierto”. 

“Con una mirada generosa, aguda y profundamente humana, entendió que el conocimiento y la innovación tecnológica no debían quedarse atrapados en los laboratorios o en las aulas de las universidades, sino que debían ser los hilos invisibles con los que se teje el bienestar y el sustento de la sociedad”, expresó.

La trayectoria del profesor Ángel Henríquez Aguilera estuvo marcada por la formación de profesionales en la Facultad de Administración y Economía (FAE), donde ejerció la docencia durante décadas. Su influencia trascendió las aulas al convertirse en un referente para numerosas generaciones de estudiantes, varios de los cuales continuaron posteriormente su camino como académicos e investigadores en la propia Universidad.

Estos atributos fueron destacados por quien fuera su alumna y posteriormente colega en la FAE, la Dra. Mónica Navarrete Álvarez, quien recordó su legado académico, humano y el impacto de su labor en la formación de profesionales y en el desarrollo de la universidad.

“Él despertó vocaciones, y sin saberlo, cambió la vida de muchos estudiantes, que llegamos a esta universidad de otras regiones, de zonas rurales, donde no había ninguna posibilidad de salir de ahí. Llegamos buscando un futuro y encontramos a profesores que nos abrieron un futuro que era impensable para nosotros, inspirando la forma en que lo íbamos a enfrentar, queriendo replicar su formación en lo que él hacía: enseñar. Tal como él lo hizo, para cambiar, tal vez, a otros, humildemente, tal como él lo hizo con nosotros”, comentó.

Por este motivo, la UTA dispuso que el edificio del Aulario “A” lleve el nombre “Ángel Henríquez Aguilera”, perpetuando así su legado. “Con mi madre fuimos testigos de la dedicación, de la entrega que mi padre tenía por su universidad. Siempre trabajando, con responsabilidad, con el compromiso que él tenía con su labor educativa. La docencia y la investigación lo llevó muy lejos, a estar siempre vigente dentro de su materia que él desempeñaba dentro de la universidad”, compartió su hija, Erika Henríquez.

“Él dejó un legado familiar, pero también a nivel educacional. Yo les reafirmo que, para nuestra familia, esto se lo agradecemos de corazón y por la humildad que él nos enseñó a tener. Ojalá que este legado siga avanzando en la docencia de cada uno de ustedes”, concluyó.

Finalmente, la profesora Daniza Velis Galleguillos desarrolló una extensa trayectoria en la Facultad de Educación y Humanidades (FEH), donde contribuyó a la formación de futuros docentes, siendo recordada durante la ceremonia por su compromiso y calidad humana, cualidades que marcaron una vida dedicada al servicio de la institución.

Como parte de este homenaje, la Universidad dispuso que la Sala 314 lleve su nombre, perpetuando así su legado de vida, que fue rememorado por el exdecano de la FEH, Dr. Carlos Mondaca Rojas: “Para quienes tuvimos el privilegio de conocerla, su nombre permanece asociado a la humanidad, la paciencia, la entereza y la vocación de servicio que la caracterizaban en cada una de sus acciones (…) como estudiante y posteriormente como colegas, esa trayectoria compartida permitió construir profesionales y afectos que se fortalecieron con el paso de los años. Daniza fue parte esencial de una comunidad académica en la que su presencia otorgaba serenidad, confianza y una energía profundamente positiva”.

En nombre de la familia, su hija, Verónica Valenzuela, compartió unas palabras con los asistentes: “La universidad fue el segundo hogar de mi mamá, ella amaba su trabajo y eso no solo es por la vocación de servicio que ella tenía, sino también porque sus colegas y amigos permitieron que mi mami hiciera de este espacio su segundo hogar. Yo quisiera agradecer profundamente a todos quienes la acompañaron en su caminar en esta universidad, a todas las tías y tíos que llamé así por tantos años”.  

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