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Alberto Díaz, académico participante de la investigación
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El análisis multiescalar es un enfoque de integración de las escalas espaciales temporales, para lograr disponer de una visión amplia, fundamental para conocer y comprender los procesos de cambio ambiental o las relaciones naturaleza-sociedad, que se conforman a partir de transformaciones globales, tales como los cambios climáticos.
Espacialmente, los estudios de cambio climático se basan en modelos de circulación general de la atmósfera que abarcan grandes zonas del planeta y que, mediante algoritmos matemáticos de downscaling, pueden llegar a representar el comportamiento regional de las precipitaciones, temperaturas y evaporación, en áreas específicas, tales como el altiplano del norte de Chile.
Sin embargo, desde el punto de vista geográfico, los fenómenos ambientales de escala global, precisan de una consideración complementaria de los procesos ecosistémicos, históricos y culturales que contribuyen al conjunto de las relaciones sociales con la naturaleza, que imprimen particularidades al territorio y que, por cuestiones de escala, no logran ser advertidas.
Los resultados de los modelos globales, requieren ser regionalizados mediante la recopilación, análisis e integración de informaciones cuantitativas y cualitativas de meso-escala y escalas locales, mediante procesos de upscaling, que permiten conocer los efectos de los cambios climáticos sobre las comunidades, los ecosistemas, las relaciones sociales que los interpretan, las formas de aversión al riesgo que se implementan, así como sistematizar las medidas de mitigación y adaptación que implican acciones de respuesta por parte de los gobiernos y sociedades regionales.
Los cambios, variabilidades e incertidumbres climáticas, forman parte de la historia pasada y reciente de estos paisajes naturales y humanos y las sucesiones de sequías e inundaciones, así como de olas de frío y calor, han condicionado el desarrollo de la urbanización, minería, agricultura y ganadería, entre otros.
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PROYECTO
El proyecto pretende identificar las relaciones entre los ciclos, tendencias y variabilidades que han caracterizado el comportamiento de los climas regionales y locales los últimos siglos, con los escenarios de cambio climático que se están proyectando para el norte de Chile, y los procesos de adaptación mitigación desarrollados por las sociedades locales, que se han llevado a cabo en la franja altiplánica andina comprendida en las regiones de Arica-Parinacota y Tarapacá.
Para ello se seleccionarán cuencas hidrográficas, especialmente afectadas por los escenarios de cambio climático y por las demandas recientes de agua en la zona, que implica el establecimiento de faenas mineras, transformaciones agrícolas, creciente urbanización e intereses turísticos, sin que exista una visión estratégica al respecto.
Los sistemas naturales y socioculturales han experimentado constantes cambios los últimos siglos y se están viendo completamente alterados por grandes proyectos de inversión, que demandan crecientes cantidades de agua para sus procesos industriales y de servicios, recurso que sólo está disponible en lagos, salares y humedales del altiplano o en los acuíferos que se recargan en esta región, cuya conservación debe ser estimada como crítica, pero sobre la cual se desconoce, en gran medida por falta de información, la real dimensión de los cambios climáticos y sus relaciones sinérgicas con los ecosistemas y las comunidades locales.
OPINIONES
Alberto Díaz, académico Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas de la UTA. “El proyecto está circunscrito al análisis multiescalar del cambio climático en el altiplano chileno, identificando una serie de patrones de índole geográfico climatológico.
Queremos ver los elementos culturales, cómo se percibe en las poblaciones indígenas altiplánicas del norte del país, de Arica y Parinacota y también Tarapacá, el cambio de clima y qué elementos climatológicos y físicos inciden en las prácticas sociales y culturales de las poblaciones indígenas, tanto del altiplano como de los sectores precordilleranos, donde están los asentamientos, los campos de cultivo y los terrenos para la ganadería, etc.
El proyecto abarca los aspectos geográficos y culturales y permite entender la problemática en la cual nuestro paisaje cultural del extremo norte del país está experimentando el último tiempo, es decir, las lluvias estivales, las temperaturas, una serie de fenómenos de índole climático que inciden en el quehacer cotidiano. También tienen una impronta cultural que es necesario pesquisar, desde la etnohistoria, desde el levantamiento sistemático de información nosotros vamos a ir evaluando cómo se está comportando y cómo la gente percibe estas transformaciones desde un punto de vista local”.
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Alejandro Tapia, geógrafo del Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas de la UTA. “Los cambios climáticos son de larga duración hay una norma establecida por los estudiosos en climatología que establece un periodo de 30 años, sobre todo cuando se trata de hacer estudios de tipo estadístico. En realidad, las condiciones metereológicas de un lugar se obtienen a través de registros de agua caída, temperatura, etc., se ha considerado un periodo de alrededor de unos 30 años para llegar a establecer cual es la característica que define a un sector.
Hay estudios a nivel mundial que señalan que se está produciendo evidentemente un cambio paulatino en las condiciones climáticas, es un fenómeno lento pero se han llegado a reconocer a nivel mundial cambios que tienen que ver con aumentos paulatinos en la temperatura, que en algunos casos es relativamente débil desde el punto de vista del valor pero que sí tienen una manifestación bastante grande desde el punto de vista de los efectos. Lo que pasa es que a nivel mundial el cambio climático es uno de los temas que están muy vigentes pero los estudios han sido realizados desde el punto de vista muy general, entonces hay que llevarlos a terrenos muy específicos para visualizar efectivamente qué efectos está produciendo”.
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