14. EL IMPERIO INKA Y LOS VALLES COSTEROS

(1.470-1500 d. C)

 

Vitrina 16
Los inka no establecieron gobernantes propios en los valles de Arica. Estos no ofrecían riquezas mineras, agrícolas o ganaderas atractivas a los interese del Estado. Por esta razón la anexión del área de nuestro interés ocurrió en forma indirecta, a través de la dominación de los reinos aymara, lupaqa, caranga y pacaje. La influencia inka, aunque muy breve, fue suficiente para imponer su organización administrativa.

En las naciones conquistadas, el inka separaba tierras para el Estado y para el Sol, luego, a través del tributo de mano de obra exigido a la comunidad, mit’a, se trabajaba estas tierras. Las cosechas, así como los tejidos y la cerámica, obtenida por el mismo procedimiento, eran almacenadas en depósitos estatales. Los bienes acumulados servían para financiar las obras y actividades del Estado a través de una red de redistribución, como pago por los servicios prestados. Estos aportes aparecieron como regalos del Estado, que de esta manera se revestía de una imagen benefactora y preocupada de las necesidades de sus súbditos.

La organización inka a comienzos del siglo XVI, atravesaba por un período de crisis, debido a pugnas internas por el poder entre los herederos del trono y, a la presión de los reinos subyugados por recuperar su independencia. Esta situación fue aprovechada por los conquistadores europeos que, en número insignificante pudieron destruir un imperio de expansión continental.

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