Boletín-e AZETA

JULIO 1999

Volver a Boletín-e

Volver a MasmaWEB

CULTURA LOCAL Y REDES DE INTERACCIÓN INCA. LA CERÁMICA DE CONTEXTOS DOMÉSTICOS DEL VALLE DE LLUTA

Trabajo presentado en el XIV Congreso Nacional de Arqueología Chilena, Copiapó, 13 al 18 de Octubre de 1997. Resultado proyectos FONDECYT 195-0961 y 197-0597

Alvaro Romero Guevara

Lic. en Antropología mención Arqueología. Departamento de Arqueología y Museología, Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Arica.

Resumen/Abstract

Volver al Título

 

Este trabajo busca verificar cambios sociales al interior de la cultura local con la llegada de influencias incaicas en el valle de Lluta, a través del comportamiento de tres variables ceramológicas analizadas en más de 9000 fragmentos de cerámica proveniente de contextos domésticos.

Los resultados de este análisis indican cambios leves pero significativos en la tradición tecnológica local, a favor de otras tecnologías secundarias. Por el contrario, la decoración local mantiene su presencia a pesar de la llegada de una fuerte iconografía cuzqueña y altiplánica. En el aspecto de las formas cerámicas se observan algunos casos de negociaciones y reemplazo de formas mientras que otras formas locales se mantienen.

Palabras Claves: Area Centro Sur Andina, subárea de Valles Occidentales, Valle de Lluta, Cultura Arica, Incas, Análisis Cerámico, Contextos Domésticos, Período Intermedio Tardío, Período Tardío.

Three variables taken from more than 9000 domestic ceramics fragments are analyzed to reveal social changes introduced into the local culture during the Inca Period.

The outputs of this analysis indicate slight but significant changes in the technology of the local tradition, in favor of other secondary technologies. The local decoration is maintained in spite of strong inclusion of Cuzco iconography from the altiplano. Concerning the ceramic forms some cases of negotiations and substitution are observed while a number of local forms remains.

Keywords: Area of South Central Andes, subarea of Valles Occidentales, Valley of Lluta, Arica Culture, Incas, Pottery Analisys, Domestic Contexts, Late Intermediate Period, Late Period.

1. Antecedentes

Volver al Título

El río Lluta recorre cerca de 150 km desde el altiplano hacia la costa, donde desemboca a unos 5 km al norte de la ciudad de Arica. El curso bajo, correspondiente a los primeros 50 km (Figura 1), mantiene un clima costero y un espacio cultivable que lo hace tener la mayor densidad ocupacional desde tiempos prehispanos hasta la actualidad. La calidad de los suelos y el agua del Valle de Lluta son considerados extremadamente salobres (Díaz et al. 1958), pero su nivel de agua constante lo convierte en una importante cuenca del extremo norte de Chile, cuyo uso tradicional lo conforman el cultivo del maíz y especies forrajeras como alfalfa.

Los estudios arqueológicos iniciados en la década del 40 (Mostny 1944; Schaedel 1957; Dauelsberg 1960) han indicado la ocupación del curso bajo del Valle de Lluta desde el Período Intermedio Tardío (1000 al 1400 dC), junto con la recopilación de antecedentes de un momento Inca (1400 al 1500 dC) claramente identificado.

A diferencia de los iniciales estudios arqueológicos en el valle de Lluta, el presente programa de investigaciones busca entender los procesos de cambio de los distintos asentamientos y entidades culturales que ocuparon la cuenca más septentrional de Chile. Desde el año 1992 los estudios del contexto doméstico en Molle Pampa y Vila Vila han sugerido que la población local recibió influencias externas, principalmente del altiplano circumlacustre, pero no a través de mecanismos de complementariedad, como la presencia de colonias verticales ni la presencia de elites redistributivas, mas bien mantuvo un nivel organizacional local sin una estratificación del tipo de cacicazgos (Santoro 1995: 307 y ss.).

En trabajos previos con materiales del Valle de Lluta se había postulado que la presencia de estilos decorativos de tierras altas (Tradición Negro sobre Rojo e Inca–altiplánico) tenían que ver más con la esfera de interacción de una población local de organización comunal que con el arribo de colonias productivas dependientes e una organización mayor, tal cual lo postulaba el clásico modelo de verticalidad (Santoro 1995).

Las comunidades de Molle Pampa y Vila Vila dieron cuenta de un momento pre–inca (1200-1400 dC) en los cuales la población local explotó la agricultura en el valle y configuró un patrón constructivo local que se distribuyó de manera extensiva en este sector del Valle. Sus restos domésticos nos muestran un acceso adicional de bienes costeros y de tierras más altas, además, se hicieron partícipes de una tradición local de cerámica doméstica y decorada, y que esta población también fue permeable a cierto tipo de cerámica fabricada en sectores altiplánicos, de forma abiertas. Se postuló que la disposición diferencial de pasta y decoraciones de esta forma predominante en este tramo del Valle daba cuenta de un mecanismo de complementariedad en la cual las distintas comunidades tenían alianzas de intercambio preferenciales, posiblemente sancionadas ritualmente o a través de relaciones de parentesco, con otras comunidades de tierras altas mediante el tráfico con caravanas (Santoro, Romero y Santos, en prensa).

Durante el Período Tardío (1400-1540 dC) se evidencian en el valle de Lluta cambios en los patrones de asentamiento, dejándose de ocupar asentamientos pequeños y dispersos a lo largo de la quebrada, en favor de núcleos poblacionales de mayor densidad, a los que se agregan ciertos rasgos arquitectónicos de complejidad social (Santoro 1995; Santoro y Siclari MS). Los ítems de contextos habitacionales señalan que se siguió accediendo a recursos ecológicos tanto cercanos, como lejanos, pero con una menor diversidad, y particularmente en la cerámica, con una mayor estandarización (Santoro Romero y Santos, en prensa). También se detectaron cambios en los patrones productivos, con un mayor énfasis en las actividades de hilandería. A pesar de todos estos cambios gran parte del sustento cultural sigue siendo local, tanto en los patrones constructivos, productivos y ceramológicos.

2. Material y Método

Volver al Título

El registro cerámico que se procede a describir proviene de una colección arqueológica excavada durante 1996, en los sitios de Rosario 1 y Rosario 2. El sector arqueológico de Rosario se ubica en la ladera sur del curso bajo del valle de Lluta, aproximadamente a 20 km de la costa. Comprende los asentamientos de Rosario 1, Rosario 2 y Rosario 3, una serie de áreas funerarias y un conjunto de petroglifos (Figura 2). Todos estos sitios, excepto los petroglifos, se sitúan sobre una terraza alta del valle a más o menos 50 mt sobre el cauce del río.

Rosario 1 es definido como un sitio monocomponente, con ocupación durante el Período Intermedio Tardío, determinado principalmente por la disposición estratigráfica y la ausencia de cerámica de asociación incaica (estilos Saxamar, Inca policromo e Inca monocromo). El sitio esta compuesto de recintos rectangulares levantados sobre plataformas cortadas en el talud de la ladera del valle sobre las cuales se acumularon restos arquitectónicos y basura doméstica. Estos montículos de basura y restos domésticos poseen una forma irregular. En algunos casos la plataforma fue contenida con un muro de piedra o lajas de caliche unidas por argamasa de cenizas y restos calcinados de basura. En Rosario 1 se excavaron (con distintas extensiones) los recintos 7, 12, 17 y 25, todos adscribibles al Período Intermedio Tardío.

Rosario 2, a menos de un kilómetro al oeste de Rosario 1, es un asentamiento también compuesto de recintos rectangulares sobre plataformas claramente rectangulares con muros de piedra unidos por argamasa. En las plataformas se incluye además, una arquitectura de silos subterráneos. Rosario 2 se adscribe principalmente al Período Inca, a pesar que en los dos recintos excavados se observó estratigráficamente un momento previo, correspondiente al Período Intermedio Tardío.

Se excavaron cerca de 112 m² con profundidades y cantidades de estratos muy variables. Todas las cuadrículas de Rosario 2 poseen estratos del Período Tardío, pero tan sólo 24 m² presentan estratos del Período Intermedio Tardío y también del Tardío.

La muestra cerámica puede ser agrupada según el sitio de procedencia (Rosario 1 y Rosario 2) y según el período adscrito (la estratigrafía y presencia de cerámica diagnóstica nos permite definir un Período Tardío y otro Intermedio Tardío). En la Tabla 1 se detalla el tamaño y la distribución de la muestra según las diferentes unidades de análisis.

Tabla 1: Tamaño y distribución de la muestra cerámica de Rosario 1 y 2.

UNIDADES EXCAVADAS
Frag.
Frag. (%)
Peso (gr)
Peso (%)
Rosario 1 R-7
60
0,64%
528,78
0,45%
Rosario 1 R-12
2609
27,82%
32162,39
27,30%
Rosario 1 R-17
282
3,01%
3538,53
3,00%
Rosario 1 R-25
248
2,64%
2530,64
2,15%
Rosario 1
3199
34,12%
38760,34
32,90%
Rosario 2 R-58 (habitacional)
811
8,65%
9790,58
8,31%
Rosario 2 R-58 (pozos)
544
5,80%
7706,19
6,54%
Rosario 2 R-59
133
1,42%
2675,27
2,27%
Rosario 2 – P.I.T.
1488
15,87%
20172,04
17,12%
TOTAL P.I.T.
4687
49,98%
58932,38
50,02%
Rosario 2 R-58
2664
28,41%
31587,51
26,81%
Rosario 2 R-59
1359
14,49%
17674,78
15,00%
TOTAL P.T.
4023
42,90%
49262,29
41,81%

Rosario 2 R-58 (pozos)

TOTAL MUESTRA DISTURBADA

667
7,10%
9617,50
8,16%
TOTAL
9377
100,00%
117812,27
100,00%

 

Se debe señalar que una parte de la muestra de Rosario 2, correspondiente a parte del depósito de uno de los pozos que tentativamente fechamos como del Intermedio Tardío fue mezclada con basuras de los estratos superiores durante su excavación, por lo que en el siguiente análisis el conjunto cerámico de tal unidad de excavación será obviado.

La metodología general consistió en registrar los tres conjuntos de atributos principales de cada fragmento:

  1. estándar de pasta,
  2. decoración y
  3. reconstrucción de perfiles.

El primero, que involucra a la totalidad de los fragmentos que conforman la muestra, corresponde a una clasificación de estándares de pasta. Luego este universo se dividió entre fragmentos no diagnósticos y diagnósticos (es decir, aquellos fragmentos cerámicos que presentan bordes, bases, asas, protúberos, decoraciones pintadas o modeladas, con evidencia de reparación o reutilización, como pulidores, torteras; o también objetos que no son recipientes, como pequeñas esculturas, tipo alacitas). Entre los fragmentos diagnósticos un segundo atributo cerámico de importancia es la clasificación según sus decoraciones pintadas. El tercer atributo tiene que ver con las formas inferidas, principalmente a través de bordes y, en menor medida, las bases y asas.

En cuanto a la parte estadística de la descripción básica de estándares, diseños decorativos y tipos de perfiles, y también para el análisis comparativo entre comunidades arqueológicas, se buscó determinar las proporciones de cada variable con relación al total del peso de los fragmentos medidos en gramos. La confiabilidad estadística de estas comparaciones se logró utilizando la prueba del error estándar (Drennan 1996) que sirve para identificar las diferencias y semejanzas más significativas, descartando las distorsiones que pueda provocar las diferencias en el tamaño de la muestra de los diferentes universos a comparar. Esta prueba se representa a través de gráficos de rangos de error, donde se señalan tres grados de confidencia (80%, 90% y 95%).

En lo referente a la comparación de los estándares de pasta, se le ha dado mayor valor a la información referida al peso en gramos de los fragmentos, como un representación más objetivo que el número de fragmentos (los cuales pueden ser más fácilmente distorsionados por la diferencial fragmentación de piezas según su tamaño y la calidad de su pasta).

Al contrario, en el análisis de decoraciones se prefirió utilizar el número de fragmentos por sobre el peso, pues no se observaron casos de fragmentos decorados que formaran parte original de una misma pieza. Por lo tanto, si consideráramos el peso distorsionaríamos a favor de las decoraciones de las piezas más grandes (p. e. jarros globulares o cántaros de decoración Arica).

3. Comportamiento de las Pastas según Período y Sitio

Volver al Título

En primer lugar se comparará el comportamiento estadístico de tres muestras cerámicas que nos señalan la variedad principalmente temporal de los asentamientos de Rosario: Rosario 1, Rosario 2-PIT (Período Intermedio Tardío) y Rosario 2-PT (Período Tardío). Además, será posible observar si las muestras tentativamente contemporáneas de Rosario 1 y Rosario 2-PIT se distribuyen de forma similar, sustentando tal hipótesis.

Se señala en la Tabla 2 y también en la Figura 3, con un gráfico de rangos de error, el comportamiento de los diferentes estándares de pasta, medidos a través del peso de los fragmentos cerámicos, en los sitios excavados del sector Rosario. Observamos que ciertos estándares de pasta no muestran diferencias significativas ya sea temporalmente o entre los sitios de Rosario, es el caso de los estándares de pasta 100 y 220 (ver I y III).

Tabla 2: Estándares de pasta según sitio y período

ESTANDAR DE PASTA

ROS-1 P.I.T.

ROS-2 P.I.T.

ROS-2 P.T.

Frag.

Peso (gr)

Peso (%)

Frag.

Peso (gr)

Peso (%)

Frag.

Peso (gr)

Peso (%)

E- 100

9

114

0,29%

4

63

0,31%

9

150

0,30%

E- 210

27

330

0,85%

7

57

0,28%

99

844

1,71%

E- 220

200

1.639

4,23%

87

1023

5,07%

248

2.514

5,10%

E- 300

130

2.860

7,38%

82

1535

7,61%

135

2.479

5,03%

E- 400

1756

23.371

60,30%

905

12.297

60,96%

2138

27.653

56,13%

E- 500

952

9.286

23,96%

336

4.332

21,47%

1174

13.271

26,94%

E- 600

124

1.155

2,98%

65

852

4,22%

212

2.282

4,63%

E- 800

1

6

0,01%

2

15

0,07%

8

69

0,14%

TOTAL

3199

38.760

100,00%

1488

20.172

100,00%

4023

49.262

100,00%

Al comparar las proporciones de Rosario 1 y Rosario 2-PIT, muestras aparentemente contemporáneas, se observan, en general, similares proporciones en casi todos los estándares de pasta. Sólo en el estándar 210 la muestra de Rosario 1 tiene una proporción mayor, tal diferencia es significativa sólo en un 95 % de confidencia (ver II).

Observemos el comportamiento de la muestra de Rosario 2-PT con relación a las muestras del Período Intermedio Tardío. Una proporción significativamente mayor en Rosario 2-PT por sobre Rosario 1 y Rosario 2-PIT tenemos en el estándar 500 (ver VI). En el estándar 210 se observa una diferencia también a favor de Rosario 2-PT, pero que sólo alcanza los 95 % de confidencia (ver II). En el estándar 600 se observa que la muestra de Rosario 2-PIT es significativamente mayor que la muestra de Rosario 1, pero semejante a la de Rosario 2-PIT (ver VII).

Finalmente, se observa que las muestras del Intermedio Tardío presentan una proporción mayor de cerámica de los estándares 400 y 300 que la muestra de Rosario 2-PT, que alcanza sólo un 95 % de confidencia estadística.

4. Decoración Pintada

Volver al Título

Dentro de las características superficiales de los fragmentos cerámicos se consideraron las aplicaciones o baños de pintura y la decoración pintada, tanto en la cara interior como exterior de los fragmentos. De acuerdo a tal rasgo se reconocieron siete grandes grupos de diseños presentes en los sitios estudiados.

Grupo Cultura Arica: La clasificación tradicional de estos diseños (Dauelsberg 1959, Schiappacasse, Niemeyer y Castro 1989) reconoce tres estilos: San Miguel, Pocoma y Gentilar, basándose principalmente en la existencia y disposición de determinados colores. Así, San Miguel es un estilo donde se disponen diseños en rojo y negro, sobre un recubrimiento blanco. El estilo Pocoma, en cambio, ha sido descrito con similares diseños en rojo y negro, sobre una superficie sin recubrimiento. Finalmente, el estilo Gentilar, supone la complejización de los diseños anteriores de colores, negro, rojo y se agrega el blanco, dispuestos directamente sobre la superficie o sobre paneles rojos discontinuos.

Estos diseños son perfectamente identificables en piezas completas, pero cuando se trata de aplicar tales definiciones a fragmentos, surgen algunos problemas. Por ejemplo, muchas piezas de estilo San Miguel tienden a perder parcialmente el color blanco del recubrimiento; o también, algunas piezas debido a la complejidad de sus diseños, están a medio camino entre lo identificado como Gentilar y Pocoma.

El reciente trabajo de Uribe, Mardonez y Sanhueza (MS) ha servido para solucionar estos problemas, donde a la tradicional clasificación de estilos (presencia y ausencia de recubrimiento) se le agrega un inventario detallado de los motivos que aparecen en los tres estilos. Existen motivos preferentemente San Miguel, otros Pocoma y los Gentilar son más exclusivos aún. Tenemos también, obviamente piezas que por su recubrimiento son clasificadas de una forma, pero presentan los motivos característicos de otro estilo. Para esta clasificación hemos preferido darle mayor peso al motivo iconográfico y disposición que al color y existencia del recubrimiento para diferenciar los estilos.

En resumen, el estilo San Miguel (San Miguel B, para Uribe, Mardonez y Sanhueza, MS) descrito a través de su presencia en las formas cerámicas de cántaros se caracterizaría por una disposición simétrica, preferentemente dual, de un par de "escaleras triangulares" de lados curvos (a diferencia de los motivos más rectos de San Miguel A y Chiribaya) pintados alternativamente en rojo y negro, mostrando una oposición cromática. Luego, desde las puntas de los triángulos o separados de él se disponen motivos de espirales al interior del espacio entre las escaleras opuestas (ver Figura 4, a).

Pocoma, a diferencia de San Miguel posee una disposición asimétrica de dos paneles, siendo diferentes uno del otro. Generalmente en uno, posee las "escaleras triangulares" pero estas se presentan modificadas hasta perder casi los triángulos dejando una banda en media luna ("hexágonos" para Uribe, Mardonez y Sanhueza, MS) que encierra similares espirales o círculos concéntricos. Finalmente estos hexágonos se convierten en grandes espacios rojos con "ventanas" donde aparecen ciertos motivos. Además se agrega lo que se ha denominado las "pecheras" que se ubican de manera opuesta al panel de los "hexágonos". Estas pecheras se conforman por una banda quebrada de triángulos que atraviesa horizontalmente la pieza (ver Figura 4, b).

Gentilar, por otro lado, ofrece una enorme cantidad de nuevas disposiciones e iconos que todavía no están muy bien sistematizados (ver Figura 4, c). Cuando no se puede distinguir los motivos iconográficos y de disposición se ha usado una cuarta categoría: Arica indeterminado.

Aparte de los motivos iconográficos, cromáticos y la forma de las piezas cerámicas otro rasgo que es común en Pocoma y San Miguel es la frecuencia de una especie de recubrimiento o pátina de color gris que se dispone uniformemente en su cara interna, especialmente en las vasijas de formas grandes y restrictas. Este fenómeno ocurre en casi un 14% de las piezas Pocoma y Gentilar (es decir, 39 de 280) y no tenemos claro si es un efecto del uso de estos jarros o una aplicación consciente.

Grupo Negro sobre Rojo: Este grupo de diseño reúne una gran cantidad de decoraciones descritas desde el sur peruano hasta la cuenca del Salado en la Segunda Región, incluyendo la zona altiplánica de Bolivia.

En Arica tradicionalmente se ha denominado Chilpe a las escudillas con diseños en el interior que tienen "forma de espirales, líneas con triángulos, líneas serpenteadas, cruces y semicírculos en el borde" (Dauelsberg 1959: 48; ver también Schiappacasse, Niemeyer y Castro 1989: 200).

Se han observado diferencias en cuanto a su tratamiento de superficie: en el valle de Camarones la cerámica Chilpe presenta superficies con un baño de pintura rojo–marrón y café; en el valle de Lluta (incluidos los sitios de Rosario) los motivos se disponen principalmente de manera directa sobre la pasta, cuyo color varía desde el naranja hasta el café pálido (Santoro, Romero y Santos, en prensa).

En virtud de lo observado en el valle de Lluta proponemos denominar Chilpe al estilo que involucra dibujos que se disponen en paralelo al borde de piezas fundamentalmente irrestrictas, cuya superficie puede estar con un baño de color o no. Estos dibujos suelen ser asteriscos, espirales cortos, círculos, cruces y primordialmente líneas onduladas continuas (ver Figura 5, a).

Por su parte, todos los demás diseños que demuestran una disposición perpendicular al borde, como líneas rectas o diagonales, líneas onduladas, hileras de triángulos o cruces, proponemos rotularlos provisoriamente como estilo Negro sobre rojo Perpendicular (ver Figura 5, b). Dentro de esta categoría se distingue un diseño que denominaremos estilo Vilavila, en referencia al sitio donde fue inicialmente observado. Este estilo consiste en dos líneas (una recta y otra ondulada, formando una especie de "B" continúa) que en forma espaciada cruzan internamente vasijas irrestrictas (ver Figura 5, c). Este estilo ha sido descrito en otros sectores del Norte de Chile y el Altiplano Circum–Titicaca (Nota 1), recientemente Pärssinen y Siiriäinen (1997: 265) lo postulan como una cerámica característica del señorío Pacaje.

Grupo Diseños Tardíos: Aquí incluimos lo que se ha denominado Saxamar o Inca–Pacajes (Munizaga 1957; Rydén 1947:196), caracterizado por llamitas estilizadas que se disponen sobre un baño de color rojizo principalmente en la cara interna. Incluimos una variante quizás más tardía que denominamos Saxamar B, consistente en pequeños círculos con puntos blancos o negros ocupando la misma área donde se ubican las llamitas del Saxamar original (ver Figura 6, a).

Siguiendo con la clasificación inicial de Munizaga (1957: 46 y 47) de la cerámica Inca del valle de Lluta, tenemos un grupo de piezas con decoración Inca Policromo, donde se incluyen piezas traídas teóricamente del Cuzco, y piezas fabricadas en las tierras altas circumlacustres, ambos estilos identificados con diseños rectilíneos, de color negro, rojo y blanco, sobre un recubrimiento rojo (ver Figura 6, b).

Un tercer estilo Inca con menor elaboración iconográfica, pero de similar calidad en pasta lo llamaremos tentativamente Inca Monocromo. Este conjunto incluye piezas que exhiben diseños monocromos (líneas rectas de color negro) sobre un recubrimiento rojo, como el descrito anteriormente. Además se incluyen aquellos bordes con recubrimiento rojo que en el labio presentan líneas negras (ver Figura 6, c).

Un grupo decorativo heterogéneo es el formado por piezas con baños de color que incluye fragmentos recubiertos con pintura negra, café o blanca, principalmente en su cara externa y que no los hemos podido adscribir a un estilo o grupo específico. Hemos diferenciado, eso sí, los baños de color rojo (sean estos en su cara interna o externa).

En Rosario hemos identificado un tipo de baño de pintura roja de características técnicas y calidad excelentes, que se asocia muy bien a formas y decoraciones del Período Tardío (Nota 2). Por último, se sumo un total de más de 20 fragmentos de decoración indefinida, más un fragmento Charcollo (Nota 3).

5. Comportamiento de Estilos Decorativos según Período y Sitio

Volver al Título

A continuación analizamos el comportamiento de los diversos grupos y estilos decorativos en las muestras de los diferentes sitios, expresados en la Tabla 3 y la Figura 7, su correspondiente gráfico de rangos de error.

Tabla 3: Proporciones de grupos decorativos y sus respectivos estilos según sitio y período

GRUPO Y ESTILO DECORATIVO

ROS-1 P.I.T.

ROS-2 P.I.T.

ROS-2 P.T.

Frag.

(%)

Frag.

(%)

Frag.

(%)

Recubiertos

47

1,47%

35

2,35%

55

1,37%

Rec. Rojo

5

0,16%

5

0,34%

31

0,77%

Cultura Arica

160

5,00%

94

6,32%

180

4,47%

Gentilar

41

1,28%

23

1,55%

31

0,77%

Pocoma

51

1,59%

42

2,82%

82

2,04%

San Miguel

46

1,44%

23

1,55%

50

1,24%

Trad. N/Rojo

42

1,31%

18

1,21%

34

0,85%

Chilpe

14

0,44%

8

0,54%

13

0,32%

N/R Transversal

17

0,53%

9

0,60%

20

0,50%

Vilavila

7

0,22%

1

0,07%

0

0,00%

Diseños Tardíos

0

0,00%

0

0,00%

40

0,99%

Saxamar

0

0,00%

0

0,00%

14

0,35%

Saxamar b

0

0,00%

0

0,00%

2

0,05%

Inca monocromo

0

0,00%

0

0,00%

13

0,32%

Inca policromo

0

0,00%

0

0,00%

11

0,27%

Otros

9

0,28%

3

0,20%

12

0,30%

Sin Decoración

2936

91,78%

1333

89,58%

3671

91,25%

TOTAL

3199

100,00%

1488

100,00%

4023

100,00%

 

Casi no existen diferencias significativas al comparar las distintas proporciones de los tres conjuntos. Al comparar las muestras de Rosario 1 con Rosario 2-PT, sólo se observa que la categoría de recubiertos de color rojo aumentan en el sitio del Tardío (ver II). Como era de esperar, puesto que la división estratigráfica se basó en la presencia o ausencia de diseños tardíos, los diseños Inca y Saxamar son exclusivos del Período Tardío (ver V).

No existen diferencias significativas entre las proporciones de los diferentes sitios de las categorías Cultura Arica y Tradición Negro sobre Rojo (ver III y IV).

Al dividir los grupos decorativos según sus estilos, no observamos diferencias en los estilos que conforman la Cultura Arica (Gentilar, Pocoma y San Miguel, ver VI, VII y VIII), todos estos estilos presentan iguales proporciones en los tres sitios. En los principales estilos que conforman el grupo Negro sobre Rojo tampoco se observan diferencias (Chilpe y Negro sobre Rojo Transversal, ver IX y X), salvo con el estilo Vilavila que tiene una presencia significativa al menos en el sitio de Rosario 1 y está totalmente ausente en Rosario 2-PT (ver XI).

En resumen, podemos señalar que no existen muchas diferencias en la distribución de los estilos decorativos entre sitio o período, salvo la presencia de cerámica con iconografía correspondiente al Período Tardío.

6. Reconstrucción de Formas: Clasificación de Perfiles

Volver al Título

Al iniciar los trabajos de laboratorio de Rosario, se disponía de una elaborada clasificación de formas cerámicas desarrollada por Santos (MS). Consistía en una clasificación derivada de la experiencia en trabajos con piezas completas, la cual se basaba en ocho categorías mayores: olla, jarro, escudilla, plato, cántaro, mate, jarro aríbalo y vaso, cada una de ellas, con una serie de variantes.

La premisa que guió tal clasificación supuso que todo fragmento de borde era potencialmente asimilable a una de las formas conocidas para piezas completas. Pero no habíamos considerado que no todos los bordes cerámicos ofrecen la misma cantidad de información. Así todos no pueden ser asimilados a una forma específica.

Sin embargo, a través de tal clasificación original se analizó la distribución espacial y temporal de formas generales en cuatro sitios habitacionales de Lluta, concluyéndose que tales categorías eran culturalmente relevantes (Santoro, Romero y Santos, en prensa). No hubo mayores dificultades ya que gran parte de aquellas conclusiones se hicieron a partir de la distribución de escudillas (Nota 4), una de las pocas formas que no es difícil de identificar mediante bordes; en cambio, otras categorías de formas presentaban grados importantes de imprecisión en cuanto a su determinación a partir de fragmentos de bordes cerámicos. Además, si señalamos que un borde pertenece a una de las ocho categorías de formas originales estaríamos asumiendo ciertas categorías generales de funciones (ver tabla 1 en Santoro, Romero y Santos, en prensa), cosa que resulta inadecuado sin antes cuantificar mejor las características de los bordes disponibles (es decir, diámetro, ángulo del borde, tipo de tangente, ancho máximo, etc.). Si nuestro objetivo final es identificar funciones de las áreas excavadas mediante los rasgos cerámicos debemos ser más cuidadosos a la hora de definir las formas cerámicas. En definitiva, se quiso saber las diferencias específicas entre olla, jarro y cántaro (expresadas en la cuantificación de variables como: diámetro, ángulos y largo del cuello), las tres formas que nos traen graves problemas a la hora de definirlas.

De inmediato nos dimos cuenta que las clásicas categorías de perfiles irrestrictos y restrictos (Shepard 1954; Rice 1987), no eran aplicables a nuestras categorías originales, así los tradicionalmente llamados "pucos" incluían tanto formas restrictas como irrestrictas. A través del traspaso gráfico de los bordes se logró establecer un sistema de clasificación de diez tipos de perfiles, basándonos en las categorías de clasificación de Shepard (1954), pero con sustantivas diferencias para lograr mayor operatividad. En la Figura 8 graficamos estas categorías. Uno de estos perfiles (el número 6) no se presenta en Rosario.

(Tipo 1) Irrestricto simple cóncavo (Figura 8.1): Se trata de aquellos bordes que presentan perfiles irrestrictos de curva principalmente cóncava. Cuando la concavidad del borde no es tan evidente se acepta que la superficie interior pulida sea indicadora de este perfil. Pueden corresponder tanto a escudillas o platos, según el ángulo del borde.

(Tipo 2) Irrestricto simple recto (Figura 8.2): Agrupa aquellos bordes de piezas irrestrictas de perfil recto. Como rasgo adicional se observa el tratamiento de la superficie interior del fragmento. Al igual que el perfil anterior se distingue en variantes de acuerdo a la medida del ángulo del borde. Corresponden principalmente a platos.

(Tipo 3) Irrestricto inflectado (Figura 8.3): Fragmentos con perfiles irrestricto que, antes del borde, se evierten áun más, dejando un diámetro mayor de lo esperado y formando una inflexión (Nota 5). Corresponden casi exclusivamente a una forma especial de escudillas.

(Tipo 4) Irrestricto complejo (Figura 8.4): Perfiles irrestrictos con un punto de ángulo que divide la pieza en cuello y cuerpo. Corresponden tanto a escudillas como a platos.

(Tipo 5) Restricto dependiente simple (Figura 8.5): Conjunto de bordes de piezas simples que se invierten por medio de la continuación de la curva cóncava de su cuerpo. El punto de tangente vertical corresponde al diámetro máximo de la pieza. Se trata de una forma especial de escudilla, por lo tanto, en términos generales se considera una forma irrestricta.

(Tipo 7) Restricto independientes incompleto (Figura 8.7): Son los perfiles más frecuentes de la muestra. Son los bordes de formas restrictas independientes de forma hiperboloide, pero cuyo primer punto de tangente vertical no se llega a observar por lo corto del fragmento. La curva de este contorno es convexa, que lo diferencia del perfil irrestricto simple cóncavo. Estos perfiles son evidencia de piezas con formas de ollas, cántaros y jarros.

(Tipo 8) Restricto independiente inflectado (Figura 8.8): Estos perfiles se reconocen por poseer un ángulo del borde mayor a 90º, y el punto de inflexión puede o no estar evidenciado. Corresponde a mates y un tipo especial de olla.

(Tipo 9) Restricto independiente con una tangente vertical (Figura 8.9): Corresponden a piezas restrictas de forma hiperboloide que por lo largo del fragmento (medida vertical) alcanzan a evidenciar el primer punto de tangente vertical, en el diámetro mínimo de la pieza. A través de las medidas de este punto de tangente vertical (Nota 6) es posible diferenciar subtipos, aunque no relacionados a formas específicas, como jarros, ollas y cántaros. Pero la medida del diámetro analizada en conjunto con el índice de inflexión avanzaría hacia tales diferenciaciones (Niemeyer y Schiappacasse 1981).

(Tipo 10) Restricto independiente con dos tangentes verticales (Figura 8.10): En fragmentos más completos aún es posible medir un segundo punto de tangente vertical, que corresponde al diámetro máximo de la pieza. Si esta tangente se acerca a la tangente vertical del borde de la pieza llamaremos a tal forma como "olla puco", debido a que formalmente son ollas (piezas restrictas independientes).

La cuantificación de estas categorías se realizó a través de un índice que sirve para estimar el número de mínimo de piezas (Egloff 1973, citado en Niemeyer y Schiappacasse 1981). Este índice se obtiene del porcentaje de la curva que representa el diámetro de la boca del fragmento.

Luego esta medida se suma para medir las proporciones de las distintas categorías establecidas. Esta medida nos permite comparar piezas de diferentes dimensiones, disminuyendo la distorsión del peso y del número de fragmentos.

En la Tabla 4 se observa la popularidad de cada categoría en términos del número mínimo estimado de piezas. Además, se lista el número de fragmentos que se utilizará para dar confiabilidad estadística a las proporciones mediante la prueba del error estándar.

Tabla 4: Proporciones de tipos de perfil en los sitios de Rosario 1 y 2

TIPO DE PERFIL

FRAG.

NºMin

(%)

(1) Irrestricto Simple Cóncavo

102

1,92

15,64%

(2) Irrestricto Simple Recto

11

0,22

1,79%

(3) Irrestricto Inflectado

32

0,63

5,13%

(4) Irrestricto Complejo

2

0,04

0,33%

(5) Restricto Dependiente Simple

22

0,38

3,09%

(7) Restricto Independiente Incompleto

268

4,95

40,31%

(8) Restricto Inflectado

26

0,42

3,42%

(9) Restricto C/1 Tangente

75

2,05

16,69%

(10) Restricto C/2 Tangentes

25

1,55

12,62%

Restricto Compuesto

1

0,01

0,08%

Perfil Indeterminado

91

0,11

0,90%

TOTAL FRAGMENTOS DE BORDES

655

12,28

100,00%

 

El tipo de perfil más popular (en número de fragmentos y número mínimo de piezas) es el restricto independiente incompleto (Tipo 7). A continuación le siguen los perfiles irrestricto simple cóncavo (Tipo 1) y perfiles con una tangente (Tipo 9). Más atrás se sitúan los perfiles irrestricto inflectado (Tipo 3), restricto inflectado (Tipo 8), y restricto con dos tangentes (tipo 10).

Todas estas categorías permiten continuar hilando más fino en la descripción de formas, con otras variables adicionales.

7. Comportamiento de Perfiles según Período y Sitio

Volver al Título

En la Tabla 5 y la Figura 9, un gráfico de rangos de error, se observan las proporciones en los tres conjuntos de Rosario de los tipos de perfil según el número estimado de piezas. Solamente en el tipo 1 Irrestricto simple cóncavo se observan proporciones significativamente similares entre los tres sitios (ver I).

Tabla 5: Proporciones de tipos de perfil según sitio y período

TIPO DE PERFIL

ROS-1 P.I.T.

ROS-2 P.I.T.

ROS-2 P.T.

Frag.

NºMin

(%)

Frag.

NºMin

(%)

Frag.

NºMin

(%)

TIPO 1

24

1,45

13,10%

14

0,82

13,95%

52

3,61

15,35%

TIPO 2

1

0,1

0,90%

4

0,33

5,61%

5

0,26

1,11%

TIPO 3

12

0,89

8,04%

5

0,46

7,82%

13

0,72

3,06%

TIPO 4

0

0

0,00%

1

0,05

0,85%

0

0,00

0,00%

TIPO 5

5

0,35

3,16%

4

0,24

4,08%

9

0,56

2,38%

TIPO 7

81

5,26

47,52%

34

2,03

34,52%

134

9,10

38,69%

TIPO 8

7

0,47

4,25%

2

0,11

1,87%

15

0,80

3,40%

TIPO 9

18

1,89

17,07%

14

1,50

25,51%

38

3,58

15,22%

TIPO 10

7

0,48

4,34%

4

0,21

3,57%

12

4,74

20,15%

N/I

33

0,18

1,63%

11

0,13

2,21%

37

0,15

0,64%

SIN PERFIL

3011

1395

3708

TOTAL

3199

11,07

100,00%

1488

5,88

100,00%

4023

23,52

100,00%

N/I= Tipo de perfil no identificado

Comparando las distribuciones en Rosario 1 con la muestra de Rosario2-PIT, encontramos similitudes, aparte del tipo 1, en los tipos 3, 5 y 10 (ver III, V y IX). Proporciones significativamente mayores del tipo 2 y 9 se observan en Rosario 2-PIT por sobre la muestra de Rosario 1 (ver II y VIII). En cambio, observamos una mayor representación, estadísticamente significativa, de perfiles tipo 7 y 8 en Rosario 1 por sobre Rosario 2-PIT (ver VI y VII).

Si comparamos ambas muestras de Rosario 2, vemos que solamente en el tipo 8 existe una similitud entre estos sitios (ver VII).

Se observan solamente dos casos claros de diferencias entre períodos. El tipo 3 Irrestricto inflectado tiene una significativa mayoría en los sitios del Intermedio Tardío que en la muestra del Tardío de Rosario 2 (ver III) y, por otro lado, un mayor número estimado de piezas de perfil restricto con dos tangentes se observan en Rosario 2-PIT por sobre los del Intermedio Tardío (ver IX).

Se puede advertir que, al menos en lo que respecta a los tipos de perfil, las tres muestras de sitio y período se distribuyen de diferente forma, y las muestras aparentemente contemporáneas de Rosario 1 y Rosario 2-PIT se comportan de manera muy distinta, salvo en dos casos.

A continuación, en la Figura 10, que expresa un gráfico de rangos de error, se analiza la distribución de los tipos de perfil 3 y 10 agrupándolos según sitio y rango de diámetro. Tales tipos son los que en el análisis anterior mostraron diferencias significativas en el número estimado de piezas según el período de procedencia. En el tipo 3 Irrestricto inflectado, notamos que la muestra significativamente menor de Rosario 2-PT se agrupa en los rangos de diámetro mayores, entre 101 a 250 mm (ver II, III y IV). En cambio, las muestras del Período Intermedio Tardío se agrupan en los rangos más bajos y con una significativa mayor presencia, especialmente en el rango de 101-150 mm.

En el tipo de perfil 10 restricto con dos tangentes, que en el análisis anterior tuvo una significativa mayor presencia en Rosario 2-PT, observamos, ahora, que esa mayoría se agrupa casi totalmente en el rango de diámetro menor (ver V). En cambio, en el rango siguiente la muestra de Rosario 1 es significativamente mayor que las muestras de Rosario 2 (ver VI).

En la Tabla 6 y en la Figura 11, otro gráfico de rangos de error, se observa la comparación de los tres conjuntos según la distribución de los rangos de diámetro y forma principal, es decir, si son tipos de perfil de piezas restrictas o irrestrictas. Proporciones significativamente similares del número mínimo estimado de piezas se observan en tres casos de formas restrictas, las piezas de los rangos 151-200 mm, 201-250 mm y 251-300 mm (VIII, IX y X).

Tabla 6: Proporciones de la forma principal y rangos diámetros según sitio y período

FORMA PRINCIPAL

DIÁMETRO

ROS-1 P.I.T.

ROS- 2 P.I.T.

ROS-2 P.T.

Frag.

NºMin

(%)

Frag.

NºMin

(%)

Frag.

NºMin

(%)

IRRESTRICTO

>100 mm

1

0,07

0,64%

2

0,18

3,06%

4

0,31

1,32%

101-150 mm

20

1,44

13,02%

19

1,37

23,26%

39

2,76

11,72%

151-200 mm

15

0,97

8,77%

5

0,26

4,41%

26

1,64

6,96%

201-250 mm

5

0,31

2,80%

1

0,05

0,85%

8

0,40

1,70%

251-300

0

0

0,00%

1

0,04

0,68%

1

0,05

0,21%

<300 mm

0

0

0,00%

0

0

0,00%

0

0

0,00%

RESTRICTO

>100 mm

10

0,95

8,59%

4

0,58

9,85%

22

6,42

27,26%

101-150 mm

35

3,34

30,20%

12

0,98

16,64%

52

3,47

14,73%

151-200 mm

37

2,28

20,61%

19

1,41

23,94%

65

5,28

22,42%

201-250 mm

18

0,82

7,41%

8

0,44

7,47%

29

1,6

6,79%

251-300

10

0,58

5,24%

6

0,25

4,24%

28

1,41

5,99%

<300 mm

2

0,12

1,08%

3

0,20

3,40%

3

0,11

0,47%

No Identificado

35

0,18

1,63%

13

0,13

2,21%

4

0,10

0,42%

TOTALES

3199

11,06

100%

1488

5,89

100%

4023

23,55

100%

 

Se observan bastantes diferencias si comparamos las distribuciones de Rosario 1 y Rosario 2-PIT. Las formas irrestrictas de menor diámetro tienen una proporción significativamente mayor en Rosario 2-PIT que en Rosario 1 (ver I y II). Por otro lado, se obtiene una significativamente mayor proporción en Rosario 1 por sobre Rosario 2-PIT, en las formas irrestrictas de diámetro intermedio (ver III y IV). Las piezas irrestrictas del rango de diámetro 251-300 mm están presentes sólo en Rosario 2-PIT (ver V).

En las formas restrictas de menor diámetro notamos una similar proporción en ambos sitios (ver VI). En las formas restrictas del rango 101-150 mm se observa una significativa mayoría de las piezas de Rosario 1 (ver VII). Por último, las piezas restrictas de mayor tamaño están significativamente más representadas en Rosario 2-PIT que en Rosario 1 (ver XI).

Se observan tres casos en los cuales Rosario 2-PIT y Rosario 2-PT se comportan de similar forma, que se suman a los tres casos de semejanzas en los tres sitios que se indicó antes. Ellas son en las formas restrictas de rango 101-150 mm, y en las formas irrestrictas de rangos 201-250 mm y 251-300 mm (ver VII, IV y V).

Finalmente comparamos Rosario 2-PT con los sitios del Período Intermedio Tardío. Existe un único caso de diferencias significativas entre estos sitios. Las formas restrictas de rango menor poseen una significativa mayor cantidad de piezas estimadas en Rosario 2-PIT que en los sitios del Intermedio Tardío (ver VI).

8. Resultados y Comentarios Finales

Volver al Título

Resumamos brevemente los cambios producidos en el conjunto cerámico de Rosario del período Intermedio Tardío al Tardío. Con respecto a la pasta, lo más notorio es el aumento del estándar 210 durante el Período Tardío, lo que es perfectamente entendible ya que este estándar se asocia muy bien con los diseños Tardíos (Inca y Saxamar). También aumenta el estándar 500, una pasta que nosotros consideramos de tierras altas (Santoro et al., en prensa; si bien aún no podemos determinar si corresponde a una tradición serrana o altiplánica). En contraste, disminuyen dos pastas que también en trabajos anteriores habíamos descrito como pastas locales (Santoro et al., en prensa), la pasta 400, que es por excelencia la pasta donde la cual se disponen los diseños Arica, y la pasta 300, una cerámica muy burda y de piezas muy grandes, que obviamente debería ser local por las dificultades de su traslado.

El comportamiento cronológico de las pastas parece ser un buen indicador de la extensión de la influencia incaica a través de la presencia de cerámica realizada con técnicas de fabricación distintas a las locales. Este comportamiento cronológico de pastas señala además que las tradiciones tecnológicas locales o de corta distancia (costa y valle medio) son afectadas con la llegada de un momento Inca.

El comportamiento de los estilos decorativos nos permite hacer algunas observaciones acerca de la cronología de los dos momentos identificados estratigráficamente en el sector de Rosario. El período Intermedio Tardío que nosotros identificamos para el sector de Rosario, como también para los sectores de Vila Vila y Molle Pampa (Santoro 1995; Santoro, Romero y Santos, en prensa) es posible de identificar con el período Arica II de Bird (1988: 19), caracterizado por cerámica de estilo San Miguel, Gentilar, Pocoma y diseños de la tradición Negro sobre Rojo. Este período se diferencia del Arica I, que presenta diseños exclusivos de la cerámica San Miguel. No hemos identificado aún en Lluta contextos adscribibles al Arica I, pero al no contar aún con un buena cronología de fechas absolutas en el valle de Lluta, no podemos afirmar aún que la ocupación intensiva del curso bajo del valle comenzó en la segunda fase de la Cultura Arica.

Aunque no se descartan las observaciones realizadas por Pärssinen y Siiriäinen (1997: 266) acerca de una posible difusión de estilos asociados al Tawantinsuyo (entre ellos el estilo Saxamar) previo a la conquista incaica de los reinos altiplánicos, parece claro que, al menos en el tramo bajo del Valle de Lluta, la presencia de un conjunto de cerámica Saxamar e Inca es un buen indicador arqueológico del arribo de un momento pan–andino liderado por el Tawantinsuyo.

Junto con la aparición de diseños cuzqueños y circumlacustres (Inca policromo, monocromo y Saxamar), el estilo Vilavila de la tradición Negro sobre Rojo, desaparece del registro arqueológico. Pero, en cambio, los estilos que conforman la Cultura Arica mantienen prácticamente similares proporciones en el Período Tardío.

Esta situación puede ser interpretada utilizando el modelo de interacción de poblaciones mediante redes de intercambio, discutido en anteriores trabajos (Santoro 1995; Santoro et al., en prensa). Esta situación de llegada y reemplazo de algunos ítemes de cerámica decorada nos permite verificar un cambio en las redes de intercambio y no la llegada de componentes demográficos externos, pues la cerámica local se mantiene con semejantes proporciones. Si se sigue la idea de Pärssinen y Siiriäinen sobre la procedencia Pacaje del estilo Vilavila, podemos postular que el orden Incaico en el altiplano descartó una interacción entre poblaciones Pacaje y la zona de Lluta, y en cambio, enfatizó la interacción con el grupo altiplánico Caranga, como lo sugeriría una lectura de las fuentes etnohistóricas que señalan la presencia de grupos Carangas en la sierra de Arica y valle de Azapa en momentos del contacto español (Durston e Hidalgo 1997).

También es importante señalar que la ausencia de estilos serranos (Charcollo y Recubierto rojo burdo) nos indica que las redes de intercambio pre–incaicas e incaicas son exclusivamente entre puna y valle, donde la participación de la sierra es escasa.

Con respecto a la distribución de tipos de perfil, en especial de las formas irrestrictas, esta sigue confirmando nuestro modelo de cambios en las redes de intercambio.

El perfil tipo 1, el más frecuente de las escudillas y platos, mantiene coherentemente sus proporciones a través del tiempo y el espacio. Las piezas de perfil tipo 4 no aparecen en el Período Tardío, mientras que los tipos 3 y 5 disminuyen significativamente en el Período Incaico. Una confirmación adicional de los cambios en este tipo de pieza de perfil tipo 3, es la diferencia de diámetros registrado: las piezas más pequeñas (rangos de diámetro 1 y 2) son populares en momentos pre–incaicos, mientras que las pocas piezas que continúan en el Tardío, son en promedio mayores (rangos de diámetro 2, 3 y 4).

Las escudillas de bordes compuestos (tipo 3) es una forma específica del período denominado Pacaje Temprano (1100-1470 dC) del área de Tiwanaku (Albarracín–Jordán 1996: 264 ss.), que deja de ser popular en Lluta con el Tardío, muy probablemente debido a la desaparición o transformación de específicas redes de interacción (por ejemplo, la que involucró la cerámica Vilavila), en favor de redes más rígidas. Nuevamente podemos tomar este dato como sustento de la postura que las redes Pacaje del Intermedio Tardío fueron reemplazadas en el período siguiente.

No verificamos grandes cambios en los tamaños de piezas restrictas o irrestrictas, lo que puede ser evidencia de que con la llegada del horizonte Inca no hubo modificaciones en el tamaño de las unidades familiares o las costumbres domésticas, sino más bien se mantuvo la organización y el conjunto doméstico local frente a los sucesos pan–andinos. El único cambio al respecto es que reconocemos la llegada de una forma imperial: el jarro aríbalo, a través del aumento de las piezas restrictas de diámetro menor a 100 cm.

En resumen, debemos reiterar que varios antecedentes sobre estos períodos en el valle de Lluta, además de la cerámica, nos hacen pensar en una presencia indirecta de un régimen pan–andino del Tawantinsuyo, mediante cambios en los circuitos de intercambio y las mercaderías que transitaron desde momentos pre–incas entre las poblaciones de valle bajo y las altiplánicas. Esto no contradice la popular interpretación del período Incaico en el Norte de Chile acerca de una incanización a través de los reinos altiplánicos (Llagostera 1976), sino más bien completa y clarifica los mecanismos involucrados en la llegada de la esfera Inca a estas tierras. Estos cambios regionales, sin duda, obligaron a la población local a decidir algunos cambios con respecto al patrón constructivo, de asentamiento, énfasis productivos y la aceptación de nuevos productos que circulaban a través de las redes.

Es notable observar como gran parte del conjunto cerámico doméstico de Lluta, permaneció casi intacto en un período visto como revolucionario en muchas partes de los Andes. Los cambios puntuales en este conjunto nos señalan que la cultura local casi no transó en aspectos domésticos y que mantuvo su organización en torno a las comunidades, donde las decisiones de cambio frente a presiones económicas y sociales de las nuevas redes del Tawantinsuyo eran tomadas de manera independiente por cada comunidad. También observamos cambios generales, principalmente en aquellas esferas que tiene que ver con el planeamiento y uso del espacio, donde los poblados de tiempo Inca se caracterizaron por concentrar población antes dispersa en asentamientos con mejor planificación, una decisión local obligada por las rígidas redes Inca.

Esta interpretación acerca de los períodos Tardíos en el valle de Lluta puede parecer más clara si nos fijamos en el hecho de que la mayor evidencia del Tawantinsuyo en los Andes Centro–Sur y Meridionales, y en especial en los Valles Occidentales, es la red vial, y las construcciones íntimamente ligadas a esta red. El Inca a través de diversos tipos de alianza, en los cuales incluimos desde el control coercitivo, la movilización de poblaciones hasta la implantación de redes de intercambio con un amplio espectro de rigidez, dirigió gran parte de los Andes, pero de manera particular creemos posible postular que la cultura local se vio afectada por la implantación de redes trans–andinas por la cual la población local transó ciertos elementos y mantuvo otra gran parte de estos.

San Miguel de Azapa, Octubre de 1997 a Julio de 1998.

Como citar este artículo
Volver a Indice AZETA
Volver al Título

Boletín AZETA © 1999-2001