Boletín-e AZETA

DICIEMBRE 1999

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OCUPACIÓN MULTIÉTNICA EN LA SIERRA DE ARICA: ARQUITECTURA, USO DEL ESPACIO Y DISTRIBUCIÓN CERÁMICA EN EL POBLADO ARQUEOLÓGICO DE HUAIHUARANI

Trabajo presentado en el TERCER CONGRESO CHILENO DE ANTROPOLOGÍA, Temuco 9 al 13 de Noviembre de 1998. Resultado proyectos FONDECYT 1950980, 1950961 y 1970597.

Álvaro Romero Guevara

Lic. en Antropología mención Arqueología. Departamento de Arqueología y Museología, Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Arica.

Resumen/Abstract

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El objetivo de este trabajo es presentar un caso de ocupación multiétnica en un poblado de la sierra de Arica durante los períodos Intermedio Tardío y Tardío. Se discute acerca de las metodologías y evidencias de multietnicidad en los Valles Occidentales de los Andes Centro Sur. Se establece la factibilidad de una ocupación multiétnica a través de dos variables arqueológicas distribuidas de manera diferencial en el poblado de Huaihuarani.

The objective of this paper is to present a case of multiethnic occupation in a village of this Arican Sierra during the Intermediate and Late period. Methodology and evidence of multiethnicity in the Valles Occidentales of the South Central Andes are discussed. Proof of multiethnic is found in the village of Huaihuarani manifested in their ceramic and architecture, which is differentially distributed.

1. Etnicidades y Grupos Culturales del Intermedio Tardío y Tardío

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Considerando en conjunto las evidencias etnohistóricas y arqueológicas para los períodos Intermedio Tardío y Tardío de valles bajos y sierra de Arica se establece un panorama algo contradictorio, en especial en lo relativo a etnicidad. Estas discrepancias entre datos e interpretaciones específicas pueden deberse a la contradicción inherente de la arqueología actual, derivada de la aplicación en conjunto de metodologías y supuestos histórico culturales con estrategias provenientes de la arqueología procesual, sin reconocer virtudes y desventajas mutuas (Trigger 1989:341-342).

Podemos ver recurrentemente en la literatura respectiva un eje de contradicción entre los conceptos y la representación de los fenómenos de Multietnicidad y uniformidad cultural.

Las evidencias etnohistóricas son las que introducen el tema de la multietnicidad en la arqueología de Arica. Es bien sabido en etnohistoria que las lecturas culturales de los documentos deben considerar el contexto cultural y social de la fuente. Las visitas, y otros documentos burocráticos, que se han utilizado para sustentar la existencia de enclaves prehispánicos en tierras bajas del Occidente provienen de información dada por altiplánicos cuya información puede ser distorsionada por una particular etnopercepción del espacio e intereses étnicos.

Si bien, son varios los documentos que nos hablan de la presencia de enclaves altiplánicos hacia tierras occidentales, y es casi innegable su existencia, debe ser revisado un supuesto ampliamente reiterado en la literatura, que asegura la llegada hasta el borde costero de estas colonias pre–incas. Así, la ubicación y magnitud de los enclaves ha considerado una lectura literal de términos como costa y valles. Actualmente los altiplánicos siguen denominando "costa" o "costear" al hecho de bajar al piso ecológico de sierra (Martínez 1989:142).

Revisemos lo que dice la Visita a Chucuito, fuente principal de Murra para postular la verticalidad del reino lacustre Lupaca:

"Hay otra parcialidad que llaman de Hurinsaya de que es principal don Martín Cusi y que toda esta provincia tiene siete cabeceras principales (...) y que a estas siete cabeceras están sujetos muchos pueblos de los cuales no tienen memoria (...) y que los pueblos que están sujetos a éste de Chucuito a la parcialidad de Anansaya (...) y Moquegua que es un pueblo donde hay indios de toda la provincia y que en el pueblo de Sama hay indios de toda la provincia" (Garci Diez [1567], en Herrera 1997:11).

Por otra parte, Hidalgo y Focacci llaman la atención sobre la abundancia de datos sobre la presencia de enclaves Caranga que dieron un tono multiétnico a la zona de Arica:

"E más en el valle de Yuta con el cacique Cayoa que es el señor del valle quatrocientos y quarenta y quatro yndios de esta manera, en un pueblo que se dize Camarasa ciento e veynte indios, y en el valle de Asapa diez yndios con el principal Guacocán, y en el pueblo que se dize Guator con el principal Lalio veynte e siete, e cabe este pueblo una estancia que paresció thener quinze yndios, y en otro pueblo de pescadores deste cacique en el pueblo de Ariaca en la costa de la mar diez e ocho yndios, y en las dos estancias del dicho cacique que tiene el valle arriba de tiene sus sementeras en ella seis yndios y en las otras quatro..." (Barriga 1955, en Hidalgo y Focacci 1986:138).

Asumiendo que Cayoa es un dependiente de un señor Caranga, tal cual lo afirman Hidalgo y Focacci (1986:138), este extracto no aclara que los hombres sujetos a Cayoa se identifiquen étnicamente con la etnia Caranga. Más bien hacen pensar que mediante procesos de convergencia de elites, el señor local Cayoa devuelva favores a Chuqui Chambi "Señor de la mitad de arriba de todos los Carangas" mediante una reciprocidad asimétrica donde la mano de obra local es la contraparte a una oferta de seguridad y estatus ofrecida por el señor altiplánico.

Son las relecturas de extractos como éstos (cf.: Platt 1975:34; Herrera 1997:11) los que han afirmado la presencia altiplánica en la costa y valles bajos occidentales.

Por otra parte, otro conjunto de datos etnohistóricos nos señala la existencia de la multietnicidad de grupos no altiplánicos en los pisos bajos. Rostworowski (1986:128) define al grupo ubicado entre Camaná y Tarapacá como yunga, desligándole la connotación geográfica o económica del término, pues la documentación se refiere a ellos como agricultores (yunga cole) y como pescadores (yunga camanchaca).

Los indicadores arqueológicos que más se han utilizado en los Valles Occidentales para verificar etnicidad son la cerámica, los patrones funerarios, arquitectónicos, recientemente los textiles y evidencias bio–antropológicas.

La evidencia arqueológica hasta el momento descarta la presencia de colonias altiplánicas costeras o de valle bajo previo al establecimiento del Estado Inca en el altiplano. Hidalgo y Focacci (1986), siguiendo la hipótesis de Murra, utilizan la distribución de patrones funerarios en sitios tardíos de la Costa de Arica (PML 4 y PML 6) para dar cuenta de la interacción de grupos étnicos altiplánicos con locales. En la desembocadura de Camarones, se postula, mediante evidencia funeraria y habitacional, la llegada de poblaciones altiplánicas a partir del período Tardío (Muñoz 1989; Schiappacasse y Niemeyer 1989).

Durante el período Intermedio Tardío en la desembocadura de Camarones se detecta la interacción de grupos económicamente diferenciados al interior de un contexto de la Cultura Arica (Muñoz 1989). Algo similar, ocurre en la desembocadura del río Lluta, donde Espoueys (MS, y comunicación personal) analizó dos cementerios del Intermedio Tardío, uno posiblemente asociado a pescadores por su instrumental ad hoc, con un ajuar y ofertorio muy reutilizado, y otro a probables agricultores, con textiles y cerámica de mejor calidad.

Recientes investigaciones que han tratado en conjunto los problemas étnicos y de complejidad social concluyen que, por lo menos, no existieron diferencias étnicas en las zonas bajas y costa de los Valles Occidentales antes del Tawantinsuyu. Santoro (1995) al comparar contextos domésticos de los períodos Intermedio Tardío y Tardío del curso bajo del valle de Lluta, entre y dentro de los asentamientos, establece que el indicador étnico por excelencia de la zona (estilos cerámicos) no se distribuye de manera diferenciada. Existe una mayor cantidad de estilos de la Cultura Arica en desmedro de una siempre baja presencia de estilos altiplánicos (Saxamar, Inca Altiplánico y Chilpe).

Las variables estilísticas y técnicas de los textiles en contextos funerarios del período Intermedio Tardío del sector bajo de Azapa tampoco parecen demostrar fenómenos de etnicidad (Cassman 1997:152-153). A su vez, Sutter (1997:273), estudiando muestras dentales de la secuencia cronológica del valle de Azapa, concluye que no se observa grupos biológicamente diferentes, más bien, se advierten incrementos en ciertas variables que hacen pensar en la reproducción endogámica de la población.

En un reciente trabajo aún no publicado se especifica de manera clara que los Carangas "tenían puestos sus mitimaes en la cabeçadas e altos de aquellos valles [de Arica] para hazer sus sementeras de mayz" (Reales Cédulas de Charcas en Arica, 1568 y 1569, citado por Durston e Hidalgo 1997), lo que traslada la presencia altiplánica directa a casi 100 Km hacia el interior. Basándose en una Petición del cura y caciques de Hatun Carangas -1612- AGI Charcas 49, más adelante, este trabajo especifica que:

"En 1612 los caciques y principales del repartimiento de Hatun Carangas pidieron al virrey que los caranga que estaban en "los altos y valles de Arica" desde antes de la visita toledana se redujeran al "pueblo de Tocoroma que está en los mismo altos", pueblo que estaba sujeto al corregidor de Carangas y a los caciques del pueblo de Turco . Por medio de documentación posterior es posible identificar Tocoroma con el importante pueblo serrano de Belén" (Durston e Hidalgo 1997: 252).

Seguir insistiendo que en tiempos Inca e incluso pre–Inca existieron colonias altiplánicos en plena costa o valles bajos de la zona de Arica puede significar que los alegatos de señores altiplánicos tienen sus efectos tácticos más de 500 años después de enunciados. Los visitadores del principio de la conquista no tenían por costumbre confirmar los datos, en cambio, en la actualidad podemos acceder a los datos arqueológicos.

Se ha postulado para el curso medio del Valle de Camarones una "situación de contacto entre dos sociedades diferentes" (Niemeyer, Schiappacasse y Solimano 1971:123). Siguiendo a Llagostera (1976) el equipo de trabajo de Camarones postula la presencia del Estado Inca en el curso medio por "intermedio de las poblaciones altas ya acantonadas allí y aprovechando sus propios asentamientos" (Schiappacasse y Niemeyer 1989:76).

Resumiendo todo estos antecedentes podemos afirmar que:

  1. Las colonias altiplánicas llegaron a la costa de Arica sólo en contemporaneidad al dominio Inca en la región, no es acá el momento de discutir si el Estado Inca llegó con su aparato burocrático o ideológico a la zona de Arica.
  2. El registro arqueológico y etnohistórico corrobora que en los períodos Intermedio Tardío y Tardío existió una interacción entre grupos económica y políticamente diferenciados en la costa y valles bajos de Arica (agricultores y pescadores).
  3. En la sierra de Arica o los cursos medios de valles se puede observar arqueológicamente una interacción entre una población local y una altiplánica. Además los tempranos documentos etnohistóricos indican que la población altiplánica, de más fuerza política, reclama derechos preincaicos sobre tierras y hombres serranos.

Estos antecedentes hacen replantearse la ampliamente aceptada definición de la Cultura Arica como entidad hegemónica. Varios autores han privilegiado el rasgo cerámico para postular tal hegemonía interpretando a la Cultura Arica como una esfera de interacción con un núcleo de irradiación costero cuyas influencias llegan con mucha fuerza al piso serrano (Schiappacasse, Niemeyer y Castro 1989) o con una presencia estratégica en la sierra para mantener mecanismos de complementariedad económica (Muñoz 1986). En un trabajo previo se postuló que las multietnicidades de cursos bajos y costa se manejaron mediante prácticas rituales, que configuró una cohesión social capaz de contener en la sierra a las entidades altiplánicas (Romero 1996).

Un requerimiento teórico para postular una gran área de interacción donde se mantendrían muchos aspectos económicos y sociales debe ser la existencia de un control político central, que no se advierte arqueológicamente en los valles bajos (Santoro 1995), donde se supone que es el núcleo de irradiación. El requerimiento metodológico necesario para sustentar tal tesis debe significar una caracterización cultural de la ocupación en la sierra que sea semejante a la de la valles bajos. Trabajos previos en diversos puntos de la sierra de Arica dan cuenta de procesos de interacción de poblaciones, caracterizando a la población local con la población de Desarrollo Regional costero (ver Muñoz, Chacama, Espinosa y Briones 1987 para el sector de Zapahuira; ver Muñoz, Chacama y Espinosa 1987 para el sector de Codpa; ver Santoro, Hidalgo y Osorio 1987 para el sector de Socoroma; ver Dauelsberg 1983 para el sector de Belén).

El presente trabajo explora las evidencias cerámicas y arquitectónicas del poblado de Huaihuarani para caracterizarlo culturalmente y reevaluar los antecedentes que adscriben tales ocupaciones como pertenecientes a una esfera de la Cultura Arica. A continuación detallamos los resultados.

2. El Poblado Serrano de Huaihuarani

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Las nacientes del río San José o Azapa en la sierra de Arica conforman una accidentada superficie donde transitan muchos cursos de agua y quebradas intermitentes con dirección nordeste. En este paisaje, a más de 3000 msnm., se han emplazado varios asentamientos prehispanos con ciertas características similares, tales como, estructuras de piedras de hilada preferentemente simple, ubicados aguas abajo de los actuales caseríos, una aparente escasa planificación residencial y una temporalidad coincidente con el Período Intermedio Tardío y Tardío (Figura 1).

En la ladera norte de la quebrada Belén a unos 5 Km. aguas abajo del pueblo homónimo, se dispone uno de estos poblados, denominado Huaihuarani. La profundidad de la quebrada en este sector alcanza los 200 metros, mientras que la altura general es de 3200 msnm. El poblado arqueológico está conformado por un denso conjunto de más de 400 estructuras de piedra (entre unidades simples y conglomerados arquitectónicos más complejos) que se extiende por un área total de casi 70 ha. (Figura 3).

Este sitio ha sido descrito anteriormente por Dauelsberg (1983), sin embargo, nuestra investigación requiere una nueva sectorización a fin de ordenar nuestra evidencia.

La ladera donde se ubica el poblado está dividida por una quebradilla que corre de norte a sur para empalmar con la Quebrada Belén. Hacia el oeste de la quebradilla se dispone un peñón rocoso que cae abruptamente sobre la ladera, mientras que hacia el este un suave talud sirve de entrada al poblado. (Figura 3 y Figura 4)

A través del sendero desde Belén, se llega a un gran recinto elíptico de hilada simple e irregular, colindante con una serie de recintos menores que ocupan homogéneamente esta ladera de orientación sudoeste. Esta área de recintos primordialmente domésticos lo denominamos Sector A, definido por un talud de pendiente moderada, recintos de tamaños diversos.

Subiendo por este talud se llega a una planicie donde se dispone un amplio conjunto de recintos rectangulares de doble hilada que encierran un patio interior de forma ovoide. Esta área dominado por una topografía plana y una homogeneidad arquitectónica posible de asociar al Período Tardío (Nota 1) la denominamos Sector B.

En medio de la misma quebradilla ya descrita distinguimos dos sectores. El Sector C corresponde a la parte alta de la quebradilla y tiene una concentración casi exclusiva de estructuras circulares de tamaño pequeño, que suponemos tienen una función de almacenaje, descartando definitivamente un uso funerario como el propuesto por Dauelsberg (1983: 73).

El Sector D se sitúa en la parte baja de la quebradilla y tiene una baja cantidad de recintos.

Al oeste de la parte alta de la quebradilla se inicia una ladera de pendiente moderada, donde ubicamos el Sector E. Este sector presenta una alta densidad de recintos, los que son de tamaño mediano y preferentemente circulares. Hacia el norte los recintos presentan una sola hilada, mientras que hacia el sur presentan una hilada doble.

El Sector F se ubica en la parte alta de la misma ladera donde ubicamos el sector E, allí la pendiente se agudiza y los recintos medianos de carácter posiblemente doméstico comparten espacio con recintos pequeños que pudieron servir como silos.

Finalmente, en el escarpado promontorio que se yergue en la parte sudoeste del poblado, y más específicamente en su falda que cae hacia la quebradilla y la quebrada Belén, se conforma un heterogéneo conjunto que denominamos Sector G. En la parte rocosa del promontorio se sitúan recintos de forma semicircular que aprovechan la pared perpendicular como muro. Algunos de estos recintos poseen evidencias óseas, que hacen pensar en un pequeño sector funerario (Muñoz, Chacama y Santos 1997:129). Hacia el norte se dispone un muro, de 40 m de largo, que ha sido interpretado como el límite del pukará o sector fortificado del asentamiento (Dauelsberg 1983:73). En una de las cumbres del peñón se ubica un pequeño conjunto de estructuras rectangulares y muro doble que ha sido interpretado como Tardío y que se asocia a otro tramo de Camino Inca que sale hacia el sudoeste (Dauelsberg 1983:73).

En la Tabla 1 se detallan las características de cada una de los sectores. La columna correspondiente al uso tentativo principal del sector se completó de acuerdo a la distribución de unidades espaciales de ciertos tamaños. Consideramos que: 1) las unidades pequeñas (menores a 2 m²) corresponden a silos, 2) las unidades espaciales medianas (entre 2 a 50 m²) corresponden principalmente a habitaciones, 3) las unidades espaciales especialmente grandes (mayores a 50 m²) tendrían un uso indeterminado entre corrales o uno social, dependiendo de la evidencia arqueológica.

Tabla 1: Características de los sectores del poblado de Huaihuarani
Sector
Area (m²)
Nº Unidades Espacia-les
Nº Unidades Arquitec-tónicas
Característi-cas Topográficas
Pendiente
Uso Tentativo Principal
A
13690,8
147
81
Ladera Este Moderado Residencial
B
7413,3
38
22
Plano Plano Social
C
1038,2
61
47
Fondo Quebradilla Extrema Almacenaje
D
4056,5
35
30
Fondo Quebradilla Suave Indetermi-nado
E
13571,9
198
123
Ladera Oeste Moderado Residencial
F
6268,0
71
63
Ladera Oeste Moderado Residencial
G
8010,0
107
87
Promontorio Rocoso Extrema Indetermi-nado
Total
54048,6
657
453
. . .
  • Unidad espacial= Espacio cultural delimitado por muros o vanos
  • Unidad arquitectónica= Conjunto de una o más unidades espaciales que comparten muros y vanos

 

Antes de pasar a los resultados de los nuevos análisis debemos agregar que se han obtenido cinco fechas por termoluminiscencia (Muñoz y Chacama 1988; Muñoz, Chacama y Santos 1997) que muestran un rango entre 1330 y 1520 d. C. (considerando 1 sigma, Tabla 2 y Figura 2).

Tabla 2: Resumen de Fechados TL en el poblado de Huaihuarani

Muestra

Recinto

Sector

Estilo Decorativo

Fecha TL

Rango 1 sigma (dC)

Rango 2 sigma (dC)

UCTL 796

476

G

San Miguel

555+-60

(1330-1460)

(1270-1520)

UCTL 799

428

G

Charcollo

520+-30

(1395-1465)

(1370-1500)

UCTL 202

256

B

Negro sobre Rojo Chilpe

510+-60

(1380-1510)

(1320-1570)

UCTL 798

447

G

Rojo Altiplánico

485+-35

(1430-1500)

(1390-1540)

UCTL 797

143

B

Negro sobre Rojo diseño transversal

480+-45

(1420-1520)

(1380-1570)

 

Se debe considerar que las muestras para estos fechados están tomadas de los sectores más marginales en cuanto a distribución cerámica, rasgos arquitectónicos y distribución espacial, y por lo tanto existe la posibilidad de que estén fechando momentos igualmente marginales. Sin embargo, la sucesión de estilos muestran una leve tendencia: San Miguel y Charcollo más tempranos que los estilos altiplánicos.

3. Uso del Espacio en Huaihuarani

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La evidencia arquitectónica y de disposición espacial en el poblado arqueológico de Huaihuarani nos revela una serie de datos que pueden ser interpretados como interacción o interdigitación de dos formas de utilización del espacio.

En primer lugar, como se advierte en la Tabla 1, se pudieron diferenciar dos áreas residenciales principales, de acuerdo a la distribución de unidades espaciales con un tamaño específico. Hacia la ladera este de la quebradilla que cruza el poblado (SECTOR A) se ubicó un área residencial menor, mientras que hacia la ladera oeste (SECTORES E y F, al cual se le asocia el SECTOR C por su proximidad espacial) se estableció otra (Figura 5).

Ambas áreas residenciales poseen una mayor proporción de unidades espaciales clasificadas como residencias de características complejas (es decir, que conforman unidades arquitectónicas de más de una unidad espacial), y una menor presencia de unidades clasificadas como silos. El área residencial del este (SECTOR A) posee casi únicamente silos adosados a unidades residenciales, mientras que el área residencial del oeste posee un núcleo residencial (SECTOR E) con silos de similar características a los del SECTOR A y además dos sectores especializados de silos independientes. Un sector alto donde comparten espacio unidades habitacionales y silos (SECTOR F) y un sector bajo sólo con silos (SECTOR C). Todo esto indica una mayor planificación en la construcción arquitectónica de la ladera oeste.

La superficie de las unidades habitacionales de ambas áreas residenciales, indican leves diferencias (Figura 6). El SECTOR A posee mayor cantidad de habitaciones entre 2 y 10 m², mientras que los SECTORES E y F poseen mayor presencia de unidades espaciales entre 10 y 20 m². Esto en términos estadísticos no es muy significativo, pero señala una tendencia que podemos sumar a nuestras evidencias.

Con respecto a la forma de las unidades espaciales, notamos que en la ladera este existe mayor variedad, teniendo una similar proporción de recintos circulares y elípticos, más una muestra importante de recintos cuadrangulares. Por otro lado, en la ladera oeste, en especial en el sector E, la forma de los recintos parece más uniforme, siendo la forma más frecuente la circular y se reduce la presencia de forma elíptica.

Algunos aspectos netamente arquitectónicos como forma de los vanos o accesos e hiladas de los muros también señalan claras diferencias entre las áreas residenciales del poblado. Por ejemplo, el muro de hilada doble se concentra notoriamente en la parte más sureña del SECTOR E, mientras que en el SECTOR A existe una clara predominancia de recintos con muro simple.

En el poblado de Huaihuarani el muro más característico es el de hilada simple, cosa que se repite en ambos sectores residenciales con casi un 70% de las unidades espaciales. Pero existe una diferencia con relación a la distribución del muro doble, que en el área habitacional de la ladera este (SECTOR A) alcanzan un 18%, mientras que en la ladera oeste (SECTORES E y F) suman un 28% (Figura 7).

Finalmente, un rasgo que puede ser más estilístico que funcional es el que tiene relación a los vanos o accesos. Hemos clasificado los 204 vanos del poblado en vanos simples, vanos con seudo jambas (es decir, con grandes rocas que lo delimitan) y vanos con pasillos o apéndices de entrada, a su vez, estos últimos pueden tener una proyección hacia el exterior, interior o lateral.

El vano simple, si bien es el más frecuente en cada sector, tiene una mayor proporción al interior del sector E (45%). El vano con seudo jambas y el vano con pasillo frontal tienen una frecuencia relativamente mayor en la ladera este (SECTOR A) que en la ladera oeste (SECTORES E y F).

En cambio, la ladera oeste (SECTOR E y F) presenta dos tipos de vano con pasillo que no aparecen en el SECTOR A, el vano con pasillo lateral y el vano con pasillo interior.

4. La Variable Estilística y la Distribución Cerámica

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Al igual que la evidencia arquitectónica, la distribución cerámica muestra una distribución diferencial, que tienen algún grado de significancia estadística, aún teniendo algunos problemas de muestreo. En la Tabla 3 damos cuenta de las características generales de la muestra cerámica.

Tabla 3: Resumen de Muestra Cerámica en Huaihuarani

    Sector

    Nº Recintos recolectados

    Nº Fragmentos recolectados

    Peso Total recolectado (gr)

    Sector A

    20

    762

    5075,99

    Sector B

    11

    486

    3035,68

    Sector C

    6

    24

    219,82

    Sector D

    1

    33

    170,62

    Sector E

    32

    1555

    14376,02

    Sector F

    0

    0

    0,00

    Sector G

    11

    377

    5601,65

    Total

    81

    3237

    28479,78

 

Debemos hacer notar que la muestra cerámica corresponde a cerámica superficial de unidades espaciales escogidas mediante un método de azar no estratificado. Eso explica que no todos los sectores tengan muestras de similar tamaño, y que debamos centrarnos en las comparaciones entre los SECTORES A y E.

En relación con la evidencia cerámica se han podido identificar en Huaihuarani tres tradiciones tecnológicas a través de correlaciones entre estándares de pasta y estilos decorativos, previamente distinguidas en sitios del valle de Lluta (Santoro, Romero y Santos, en prensa; Romero 1999).

Por un lado, tenemos el estándar 200 y sus variantes, que sin duda corresponden a tecnologías altiplánicas asociados a decoraciones Saxamar, Inca Altiplánico y las variantes del Negro sobre Rojo, como Chilpe y Vilavila (Romero 1999). El estándar 400 parece corresponder a una tecnología de valle bajo, con desgrasante de arena con partículas negras y blancas, y una buena cocción que le da un tono entre rojizo y naranja. Se le correlaciona muy bien a los estilos decorativos San Miguel y Pocoma. El estándar 500 corresponde a una tecnología serrana donde se privilegia el desgrasante con alta proporción de cuarzo, con una cocción irregular. La asociación estilística aún no es clara, pero suponemos que involucra al estilo Charcollo, algunas variantes burdas del negro sobre rojo, y piezas con un engobe rojo grueso (Santoro, Romero y Santos, en prensa; Romero 1999).

La pasta 200 o altiplánica se presenta de manera escasa en ambas áreas residenciales del poblado. Sin embargo, en el SECTOR A se observa que al disminuir la tradición tecnológica de valle bajo (40%) disminuye la pasta con técnica serrana aumenta (50%). Mientras que en el SECTOR E ambas pastas muestran similares proporciones (45%).

Al tomar el rasgo de la decoración también notamos diferencias significativas. En el SECTOR A los estilos decorativos más frecuente corresponden a la tradición Negro sobre Rojo (4%), mientras que en el SECTOR E existe un claro dominio del estilo Charcollo (4%). Los estilos decorativos asociados al Desarrollo Regional costero apenas exceden el 1% de la muestra en Huaihuarani (Figura 8).

Finalmente, el análisis de las formas presentes en Huaihuarani nos indica que las formas abiertas, asociados a estilísticamente a lo altiplánico, se presenta con más fuerza en el SECTOR A, mientras que las formas cerradas, evidencia de lazos con la tradición de valles bajos, son más frecuentes en el SECTOR E.

5. Caracterización de la Multietnicidad en la Sierra de Arica

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5.1 Extensión de la Cultura Arica

 

Si consideramos la evidencia cerámica en cuanto a decoración y estilos, que ha sido utilizada preferentemente en la adscripción de los poblados de la sierra a la Cultura Arica, debemos afirmar que, al menos en el poblado de Huaihuarani la Cultura Arica no se estableció. Si bien su presencia es consistente en todo el poblado, ésta es siempre menor que los estilos de la tradición Negro sobre Rojo y la tradición Charcollo.

Además, consideramos que la presencia o ausencia de estilos cerámicos no es evidencia determinante del establecimiento o llegada de componentes étnicos en un área. Las características decorativas y tecnológicas utilizados por los artesanos de la cerámica Arica, convirtieron a estas piezas como un bien altamente apreciado en tiempos prehispánicos, traficándose fácilmente hacia lugares muy lejanos de su lugar de fabricación. Podemos postular que al rol eminentemente ritual expresado en la amplia ubicación en tumbas desde la costa hasta los cursos medios de los valles occidentales, se le puede sumar un rol secular que lo hace muy frecuente en contextos domésticos (Santoro, Romero y Santos. en prensa).

Por otro lado, la alta presencia de decoración Charcollo (Nota 2) en la sierra y la casi nula presencia en sitios de tierras bajas, como Rosario (Romero 1999) nos hacen pensar que en vez de compartir una esfera de interacción la difusión de estilos decorativos cerámicos se hizo a través de redes de interacción uni–direccionales para la cerámica, donde la cerámica Arica más refinada tecnológicamente transitaba desde tierras bajas hacia las tierras altas, y la cerámica serrana Charcollo no se difundía.

La arquitectura, por otra parte, también sirve como una clara evidencia de discontinuidad entre tierras bajas y sierra. Muñoz (1986:36) ha querido establecer similitudes en términos constructivos básicos minimizando la importancia de las diferencias de planificación impuestos por los materiales utilizados en cada piso ecológico. En otra ocasión Muñoz y colaboradores (1997) señalan que las diferencias arquitectónicas existentes entre recintos se deberían por sobre todo a diferencias funcionales.

Siguiendo a Aldenderfer y Stanish (1993) es posible afirmar que la evidencia arquitectónica puede ser incluso más valiosa para tratar problemas de adscripción cultural que la cerámica. En este sentido, los estilos constructivos de sierra y valle, correspondientes a sistemas económicos y de percepción geográfica diferentes, no pueden conformar grupos culturales hegemónicos sin una base ideológica o política fuerte. No es posible discutir acá la tesis sobre complejidad social al nivel de cacicazgos de la Cultura Arica (Schiappacasse, Niemeyer y Castro 1989).

5.2 Interacción de Grupos Culturales en la Sierra de Arica

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Por medio de la evidencia en conjunto de cerámica y arquitectura, se cree posible postular la ocupación diferenciada de dos grupos culturales en el poblado de la Sierra de Arica. A pesar de los problemas de muestreo existentes en los fechados TL, éstos nos hacen suponer que una población local comenzó a asentarse en la ladera oeste de Huaihuarani, mientras que un poco después una población altiplánica comenzó a ocupar un espacio aledaño.

La existencia de silos posiblemente comunitarios, ubicados en sectores diferenciados, quizás utilizados para almacenar productos diferentes, y recintos habitacionales de muro doble y mayor tamaño, da cuenta de una ocupación compleja y bastante planificada de la ladera más protegida del poblado Huaihuarani. El amplio sistema de terrazas agrícolas en la ladera opuesta de la quebrada fue, sin duda, construido y manejado principalmente por esta población.

A diferencia de las poblaciones serranas actuales, que disponen de cultivos económicos resistentes a las condiciones estivales de precordillera (ajo y orégano), esta población debió complementar la agricultura de especies autóctonas con una fuerte actividad pastoril de característica diferentes a la altiplánica. Queda aún por investigar si el piso ecológico de sierra en la zona de Arica permite mantener durante todo el año a ganado camélido o si se hace necesario practicar la trashumancia a lo largo de la transecta sierra–puna como se observa actualmente en la sierra de Moquegua (Kuznar 1995).

Una población serrana denominada Estuquiña ha sido identificada y caracterizada en los valles altos de Moquegua (Stanish 1990; Owen 1995). Los poblados están ubicados sobre los 3000 msnm, con una disposición estratégica y elementos defensivos que parecen defender grandes inversiones sociales como canales de regadío, sistemas de terrazas y viales. En contraste, los cementerios de esta población no presentan una riqueza en cantidad y calidad del ajuar, como la mostrada por la sociedad contemporánea ubicada hacia tierras bajas identificada como Chiribaya (Owen 1995). A su vez, en la sierra de Tacna se han interpretado las evidencias de la planificación de un asentamiento como "representando contextualmente a una identidad étnica local, que (...) hemos denominado Estilo Sitajara" (Gordillo 1996:104).

En ambos casos, y especialmente con el grupo cultural Estuquiña, se comparte una cerámica doméstica de tecnología poco sofisticada y con escasos elementos decorativos, tales como engobes rojos burdos y manchones rojo similares a la tradición Charcollo que aparecen tanto en contextos funerarios como domésticos (Bruce Owen, comunicación personal, 1997).

Estos antecedentes nos hacen postular un grupo cultural diferenciado de la Cultura Arica de valles bajos y medios, que asociamos a la tradición cerámica Charcollo que se reparte de manera amplia en los poblados de la sierra de Arica. Tenemos evidencias en que este grupo interactúa con grupos de tierras altas a través de situaciones de conflicto, evidenciado por la frecuente presencia de pucaras y relictos defensivos. Aunque también, como vemos en Huaihuarani, se dan situaciones de coexistencia sin violencia.

Aún tenemos dudas acerca del tipo de ocupación altiplánica en Huaihuarani. La menor planificación de la ocupación, lo irregular de la aplicación de técnicas constructivas, y su ubicación en un lugar desprotegido de las inclemencias climáticas, nos hacen pensar de una ocupación temporal. La información etnográfica nos plantea la bajada de poblaciones altiplánicas a pisos serranos y de cabeceras a través de mecanismos de trashumancia pastoril (Martínez 1989) o intercambio ritualizado (Riviere 1979).

Por otro lado, los resultados del análisis de las formas cerámicas nos hacen dudar acerca de la ocupación directa por personas altiplánicas. Aunque no tenemos antecedentes acerca del repertorio de formas cerámicas en los asentamientos altiplánicos, sospechamos que las formas abiertas que aparecen en los valles bajos y sierra de Arica corresponden a sólo una parte del repertorio de formas del cual disponen en las tierras altas.

La presencia de formas, casi exclusivamente, abiertas de cerámicas altiplánicas en el valle de Lluta ha sido interpretada como la llegada a través de intercambio de ítemes ideológicos (Santoro, Romero y Santos, en prensa), descartando la presencia de colonias altiplánicas. Siguiendo tal lógica deberíamos descartar la presencia de enclaves altiplánicos temporales o permanentes.

Podríamos pensar, entonces, que tal sector del poblado fue ocupado por pastores serranos que practicaron la trashumancia hacia tierras altas interactuando con poblaciones altiplánicas, o que se trató de una población serrana que mantuvo vínculos de parentesco real o ritual con pastores de puna. Al no poder contrastar cualquiera de estas alternativas de llegada indirecta de elementos altiplánicos, asumimos la hipótesis de que estos rasgos altiplánicos pertenecen a enclaves altiplánicos configurando una ocupación multiétnica de la sierra de Arica, situación bien sustentada por la evidencia etnohistórica

Arica, Enero de 1999

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