Boletín-e AZETA

NOVIEMBRE 2000

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PortadaCULTURAS DEL DESIERTO CHILENO

Calogero M. Santoro V.
Versión digital de publicación de Ediciones Universidad de Tarapacá, 2000.
Inscripción Nº 112825, año 2000. ISBN: 956-7021-05-8. Prohibida su reproducción. Reservados todos los derechos.

 

 

Exposicion Ayllu MASMALos pueblos que habitaron los parajes del desierto del extremo norte de Chile encierran más de 10.000 años de historia cultural, basada en la explotación de recursos marinos de una variedad y abundancia extraordinaria, en una de las costas más áridas del mundo. Las posibilidades de agua dulce se reducen a pequeñas vertientes que afloran cerca del mar o en el mejor de los casos oasis costeros de valles y quebradas que atraviesan el desierto desde los Andes. En los hábitats de montaña, en cambio, bajo condiciones menos áridas, se instalaron pueblos andinos con tradiciones de cazadores, recolectores, agricultores y pastores. Estos pueblos lograron “domesticar” el desierto del norte de Chile, dejando un valioso legado cultural lleno de conquistas y vicisitudes, cuya trama recién comenzamos a conocer y valorar en sus detalles más relevantes a través de las colecciones estudiadas, depositadas y exhibidas en el Museo Arqueológico San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá en Arica y el Museo Regional de Iquique.
En sus vitrinas, los museos grafican esta historia y muestran el exitoso proceso de adaptación progresiva de las tecnologías para la explotación de la riqueza marina de pesca, caza y recolección y, de los limitados productos de la tierra, fueran éstos cultivados o recogidos directamente de la naturaleza. De esta manera, a pesar de las extremas condiciones de aridez, puede apreciarse que se desarrollaron ingeniosos sistemas de subsistencia, organización social e ideológica.
La historia reconstruida por la arqueología muestra un progresivo mejoramiento de las condiciones de vida, medido en la cantidad y variedad de objetos creados para distintos usos y fabricados con materiales diversos tales como piedra, concha, hueso, cerámica, cuero, fibra vegetal, lana, plumas; conservados asombrosamente en las arenas del desierto. Además del valor funcional de los objetos, se deduce la existencia de complejos, aunque desconocidos, sistemas de pensamiento y creencia, expresados en la rica, variada y colorida iconografía grabada en piezas de cerámica, tejido, madera, como así también en representaciones de petroglifos, geoglifos y pictografías.

Cementerio de Poconchile

A través del tiempo se nota un proceso dinámico de cambio cultural, donde viejas tradiciones fueron dando origen a nuevas concepciones de vida. Esta milenaria tradición cultural no ha desaparecido por completo, sus herederos se encuentran hoy día entre pastores y campesinos andinos que se desenvuelven en sus territorios originarios como minoría étnica frente a la sociedad chilena, integrando a sus tradiciones culturales las tendencias de la modernidad de la cultura occidental, o como miembros de la sociedad urbana en las ciudades de la costa, en un proceso de mestizaje más marcado que se inició con la invasión española a las “Indias Occidentales”, como fue llamado América, hace ya más de 500 años.

EL PAISAJE

Cerro Millune, LlutaUbicado en la esquina noroeste del cono sur de Sudamérica, el territorio se caracteriza por un plano inclinado que se levanta desde la costa hasta más de 6.000 m de altura en menos de 200 km, modelado por un clima desértico. En la medida que se asciende hacia el plateau andino las condiciones de absoluta aridez de la costa se tornan menos rigurosas y las diferencias de altura en el paisaje crean un verdadero mosaico ecológico. La variedad de recursos ofrecidos por este mosaico fueron ingeniosamente articulados por los pueblos del desierto. En su eje este oeste, se distinguen dos universos ecológicos en este mosaico: los territorios áridos de las tierras bajas que incluye el litoral y los valles costeros y los territorios menos áridos de las tierras altas, con sus hábitats de valles y altiplano andino, entre 3.000 a 4.500 m de altura. En su eje norte sur se distingue una costa fértil determinada por los valles costeros de la zona de Arica y una costa estéril sin valles en la zona de Iquique. En las tierras altas también se observa una gradiente de aumento de la aridez de norte a sur.

En las tierras bajas, junto a la costa, imperan condiciones de absoluto desierto; no hay precipitaciones de lluvia, a pesar de las espesas y negras nubes que típicamente cubren la costa del Pacífico en la forma de una densa neblina, conocida como camanchaca en Chile o garúa en Perú.
El agua fresca en la costa depende casi exclusivamente de las precipitaciones en la vertiente occidental de los Andes, que no son abundantes, precisamente por esta alta barrera natural que impide el paso de los vientos cargados de nubes saturadas de humedad, provenientes del Amazonas. Este sistema frontal se condensa y precipita en lluvias torrenciales durante el verano (diciembre a marzo). Este fenómeno, conocido popularmente como "invierno boliviano", alcanza débilmente la vertiente occidental de los Andes, donde se reciben no más de 300 mm de lluvia por año. Estas gotas, sin embargo, dan origen casi milagrosamente a los valles, oasis y vertientes que descienden por el tobogán andino roturando el desierto con profundas y estrechas quebradas, al deslizarse con gran fuerza por las abruptas laderas de los Andes. Si llueve en cantidades mayores, aparte de los efectos catastróficos de producidos por aluviones, mejoran los cursos de aguas superficiales, aumenta el caudal de las napas y surgen vertientes a lo largo de las quebradas, formando pequeñas lagunas cerca de la costa.

De esta manera, a pesar del régimen de absoluta aridez de la costa, los aportes de agua desde los Andes permitieron la existencia de hábitats refugio, que fueron fundamentales para las poblaciones humanas. La zona de Arica se caracteriza por profundas quebradas que serpentean por la franja desértica, como cintas de color verde que contrastan con el yermo y extenso paisaje de desierto y por esta razón se le rotula como "costa fértil". En contraste, en la zona de Iquique, definida como costa estéril, las quebradas son insuficientes para atravesar el desierto y desaguan en una cuenca interior conocida como Pampa del Tamarugal. En la franja costera brotan pequeñas vertientes subterráneas de aguas salobres.

 

Hábitat costero

Desembocadura del río CamaronesA diferencia de la aridez de la franja costera, el litoral y la zona marina adyacente ofrecen una riqueza y variedad de recursos, excepcionales debido a: nutrientes levantados desde las profundidades oceánicas hasta la superficie por la Corriente de Humboldt, nutrientes transportados por las aguas de valles y quebradas, profundidad y geografía rocosa e intrincada del litoral, etc. Estos factores favorecen una gran producción de biomasa, que sirvió, por varias décadas, a una de las industrias extractivas más prósperas de Chile y Perú. Millones de toneladas de pescado se procesaron para la producción de harina y en menor grado conservería. A esto, se agrega la extracción de pescados y mariscos para satisfacer la creciente demanda de las ciudades. Debido a ello, los recursos que se creían ilimitados han disminuido a tal grado, que hacen insostenible esta industria, agravada además por los efectos climáticos de El Niño.

La disponibilidad permanente y segura de esta fuente de recursos que ofrecía todos los nutrientes para la dieta humana, fue fundamental para los pueblos del desierto. La vida humana pudo establecerse y desarrollarse gracias a la excepcional riqueza del mar, de lo contrario, la historia cultural de estos pueblos habría sido completamente distinta. Desde las épocas más antiguas se creó una fuerte dependencia que no varió sustancialmente por miles de años. Para ello, gradualmente, se descubrieron y desarrollaron tecnologías cada vez más agresivas y eficientes, permitiendo explotar una gama más amplia de recursos que incluyó una larga lista de peces, moluscos, mamíferos marinos y algas ubicados desde la zona litoral hasta la profunda zona abisal. Los hábitats más importantes de la “costa fértil” de Arica se concentran en las desembocaduras de valles y quebradas donde se constata una ocupación humana permanente por varios miles de años. Fuera de estos enclaves el litoral se confunde con la abrupta ladera de la Cordillera de la Costa que cae directamente al mar lo que imposibilita la ocupación humana. En la “costa estéril” de Iquique, sin quebradas, la Cordillera de la Costa se desplaza unos pocos kilómetros hacia el interior, dejando una franja litoral más amplia y fácil circulación y la actividad humana.

 

Valle de Azapa (Km40)

Hábitat de valles costeros, cuencas y oasis interiores

En la zona de Arica, los valles y quebradas, en contraste, ofrecían posibilidades muy inestables tanto para los cazadores recolectores como para los agricultores, producto de las fluctuaciones en la disponibilidad de agua y largos períodos de sequía. En estos parajes se disponía de pocos recursos tales como bulbos de totora, tomatillo, vainas de Prosopis (árbol leñoso adaptado al desierto chileno; su fruto era abundante y fácil de almacenar entero o como harina), huevos de aves marinas, camarones de río y, eventualmente, camélidos como guanaco (se conocen dos especies silvestres de camélidos sudamericanos: guanaco y vicuña que habita en el altiplano y dos especies domésticas llama y alpaca) y, posiblemente, vizcachas (un roedor del tamaño de un conejo) en zonas de roqueríos.

 

Las cuencas interiores de la zona de Iquique como la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños ofrecían, igualmente, limitadas posibilidades. Destacan la recolección de frutos de los bosques de Prosopis; bulbos y fibra de totora; caza menor (cholulo, un pequeño roedor fosorial es decir que vive bajo la tierra y aves); y la disponibilidad de materias primas líticas y madera para la fabricación de artefactos. Estos recursos inexistentes en la costa estéril de Iquique fueron fundamentales para los andinos costeros, quienes organizaron circuitos transhumánticos para acceder a estos recursos complementarios.

 

Hábitat de valles andinos

Quebrada de ChapiquiñaEn los valles andinos tampoco los recursos fueron abundantes. La vegetación es escasa, distribuida en forma de parches y soportan una pequeña población de animales de caza como camélidos (guanacos y vicuñas), roedores (vizcachas, chinchillas y cholulos) y aves (perdiz de la puna y ganso andino). Sin embargo, estos valles concentraron una fuerte actividad agrícola a través de un complejo sistema de terrazas y canales de irrigación, para un limitado número de cultivos andinos, que incluía cereales como: maíz, quinoa, cañihua y, tubérculos: papas, ocas, ollucos.

 

Hábitat altiplánico

Puna de CollahuasiEn el altiplano, bajo condiciones climáticas extremas (bajas temperaturas y escasa pluviosidad), se desarrolla una pradera con baja capacidad de carga de animales si se compara con zonas más húmedas del altiplano andino, en territorios alrededor del Lago Titicaca. Las bajas temperaturas y la altura reducen las posibilidades para desarrollar la agricultura, por lo tanto los recursos se limitan a la caza de vicuñas y de animales menores (roedores y aves) y, en épocas más recientes, pastoreo de reducidos piños de llamas.

En suma, las posibilidades para la vida humana en los ambientes del desierto del norte de Chile se restringían al litoral, los valles cercanos a la costa, cuencas y oasis interiores, los valles andinos y la gran pradera altoandina. Los ambientes con recursos más estables sin embargo, se concentraron a lo largo de la costa.

HISTORIA DEL PAISAJE

Por mucho tiempo se ha pensado que el desierto no ha cambiado sustancialmente desde hace miles y tal vez millones de años. Sin embargo, como ocurre en otros desiertos del mundo como el Sahara, sus límites han variado considerablemente y este dinámico proceso continua en la actualidad. Hubo épocas en que el desierto se expandió y otras en que se redujo, pero aún no sabemos con precisión, la magnitud de estas variaciones ni que las provocó.

En la época geológica Secundaria, mucho antes que surgiera el hombre en la tierra, existieron ambientes húmedos y vegetación exuberante, durante este período dominaron la tierra los dinosaurios. Durante el Período Jurásico Superior, 160 a 150 millones de años atrás, el paisaje de la Pampa del Tamarugal era parte de un ambiente pantanoso de sabana, cubierto de líquenes, cañas y otros vegetales blandos de gran tamaño. Este fue hábitat de dinosaurios, cuyas evidencias se han detectado en Chacarilla, un aislado paraje de quebrada poco profunda al interior del oasis de Pica. Se trata de huellas de un posible terópodo carnívoro, como el Alosauro o Tiranosauro, dípido de dedos cortos y redondeados, cuyas pisadas quedaron grabadas en roca sedimentaria. Otras huellas parecen corresponder a un Iguanadón, dinosaurio ornitópodo, vegetariano, cuadrúpedo. El Jurásico Superior fue un período de baja humedad que afectó dramáticamente los hábitats de los dinosaurios.

Más tarde, durante las épocas glaciales del período geológico Cuaternario, se instalaron mamíferos de gran tamaño como el Milodontino, cuyos restos fosilizados se encontraron en las inmediaciones de la localidad de Caquena, en pleno altiplano de Arica. Como los dinosaurios, esta megafauna se extinguió junto con la aparición de condiciones más cálidas y más secas del periodo geológico actual, Holoceno. Las poblaciones humanas, sin embargo, no conocieron esta historia natural de la zona. Los primeros habitantes ingresaron y se asentaron en los territorios de lo que hoy conocemos como norte de Chile hace unos 10.000 años.
Quebrada Millune, LlutaEn esa época, el paisaje era ciertamente distinto a como lo vemos hoy día. Recientes estudios paleoclimáticos indican que las condiciones del medio ambiente eran mejores que las actuales. El desierto era menos seco y severo ya que llovía más en las tierras altas; gracias a un régimen de precipitaciones permanentes y abundantes que tuvo como efecto que las cuencas de los actuales salares en el altiplano chileno quedaran cubiertas por lagunas y lagos de 20 a 30 m de profundidad, por encima de los niveles actuales. En las tierras bajas, junto a la costa florecieron valles y oasis. No hay indicios, sin embargo, que demuestren que el régimen de la costa con su falta casi absoluta de precipitaciones, haya sido distinto. Por el contrario, interpretaciones geomorfológicas señalan que este régimen de aridez ha perdurado por decenas de miles de años, lo que significaría que los territorios bajos han dependido por mucho tiempo de las fuentes de agua de las tierras altas.

Los primeros habitantes del desierto encontraron hábitats relativamente abundantes tanto en los parajes andinos como en la costa. Así, hacia los 10.000 años antes del presente, poblaciones de cazadores recolectores comenzaron la conquista y domesticación de los ambientes del desierto chileno. Entre los 8.000 y los 3.000 años antes del presente, ocurre un largo período de aridez extrema, especialmente entre los 6.000 a 4.000 años a.P. Los lagos y lagunas del altiplano se secaron y la costa se tornó más árida, pero los recursos marinos se mantuvieron como una fuente fundamental de alimento para poblaciones humanas que se refugiaron a lo largo del litoral. A partir de los 3.000 años las condiciones mejoran y se establece el régimen climático actual. En el último milenio, sin embargo, se produce una agudización de la aridez agravado, posiblemente, por el impacto del mundo moderno sobre el medio ambiente.

 

DE LOS ORÍGENES DE LA GENTE

Todavía no sabemos el lugar de procedencia de los primeros pobladores. Algunos arqueólogos piensan que habrían inmigrado desde los territorios bajos de la cuenca del Amazonas, luego de pasar por el Itsmo de Panamá, provenientes de Norteamérica. Esta corriente migratoria debió alcanzar hasta los Andes y desde allí bajar hasta la costa del Pacífico. Estos primeros inmigrantes vivían de la caza y recolección terrestre y fueron modificando sus estrategias de subsistencia en la medida que se introducían en nuevos ambientes del continente. En las tierras bajas se trasformaron en cazadores recolectores y pescadores marítimos, mientras que en los territorios andinos adoptaron una vida de cazadores recolectores. Otros piensan que además existió una ruta a lo largo de los Andes y otra a través de la costa.

En cualquiera de los casos, los primeros pobladores, se instalaron hace 10.000 en la zona como cazadores recolectores andinos en los ambientes altos, o como cazadores recolectores marítimos en los ambientes de la costa. De estas primeras inmigraciones se desarrollaron dos grandes tradiciones: la “tradición alto andina” y la “tradición andino costera”, que en conjunto dieron origen a los milenarios pueblos y culturas del desierto del norte de Chile.

 

TRADICIÓN ALTO ANDINA

La conquista del territorio

De la “tradición alto andina” sabemos que usaron formas especializadas de artefactos, tallados en piedras de distintos tipos como basalto, obsidiana, cuarzo, jaspe, etc., destinados a la caza, el despostamiento de animales, la preparación de cueros, el trabajo en madera, etc. Con todo, la lista de elementos que integraban su vida diaria era muy corta. No tenemos conocimiento del tipo de vestimentas que usaban, pero es posible que anduvieran semidesnudos, a pesar del clima frío de la puna (voz quechua referida al ambiente alto andino de pastoreo), tapados con cueros curtidos como los cazadores Ona de Tierra del Fuego. Sus presas preferidas fueron los camélidos, pero dada las limitadas condiciones de la pradera debieron cazar, también, animales menores como vizcachas, cholulos y aves andinas. Su modo de vida móvil, no los motivó a construir habitaciones sólidas y permanentes, por el contrario establecieron refugios temporales en cuevas y aleros o en campamentos abiertos ubicados en las inmediaciones de bofedales, ríos y quebradas.

A pesar que su vida se centraba en los hábitats de valles andinos y altiplano, sobre 3.000 m de altura, estos cazadores tenían acceso a un territorio mayor que incluía los ambientes de la costa y posiblemente los territorios mejor provistos al este de los Andes. Estas incursiones tenían por objeto, posiblemente, el rapto de mujeres, búsqueda de nuevos territorios, obtención de elementos exóticos como conchas del Pacífico y defensa del territorio autodesignado como propio, típico comportamiento de grupos de cazadores recolectores.
Petroglifo de TilivicheDe sus actividades ceremoniales sólo podemos deducir la realización de ritos propiciatorios para la caza, u otras actividades sociales que requerían de un marco ritual, a juzgar por los restos de pigmentos de colores para pintar las paredes de cuevas y aleros con diseños de camélidos, hombres, figuras lineales y geométricas indefinidas, o para pintarse la cara y el cuerpo y caracterizar personajes míticos en alguna ceremonia o acto ritual. Este tipo de actividades pudieron ser cruciales para mantener y transmitir los cánones culturales de una generación a otra. El uso de pictografías rupestres con fines mnemotécnicos en los ritos de iniciación de grupos de azadores en Australia ha sido clave para mantener los fundamentos mitológicos, y los principios sociales e ideológicos que sostienen y explican una comunidad. Mientras los andinos costeros momificaban a sus muertos, los alto andinos desarrollaron un arte pictórico que, en ambos casos, pudo ser fundamental para su reproducción social y permanencia a través del tiempo.

Por varios milenios esta tradición alto andina se mantuvo sin cambios importantes, lo que significa que el modo de vida fue exitoso y requirió de pequeños ajustes, observados principalmente, en el tamaño y diseño de los artefactos de piedra. Los cambios más importantes fueron provocados por las presiones del medio ambiente, en particular por el empobrecimiento de las praderas andinas a consecuencia del incremento de la aridez entre 8.000 a 3.000 años antes del presente. Los cazadores se vieron obligados a diversificar sus estrategias de subsistencia, recurriendo a enclaves de refugio con recursos relativamente abundantes, complementado con enclaves dispersos menos productivos. Esta fue una época de gran inestabilidad y de alta movilidad de grupos humanos hacia la costa, dado que en este enclave, el efecto de la aridez extrema no afectó los recursos marinos. De este modo, bandas pequeñas de cazadores recolectores ocuparon los más apartados rincones de la costa fértil de Arica y la costa árida de Iquique.

 

La domesticación del territorio alto andino

Hacia los 3.000 años antes del presente, junto con el restablecimiento de condiciones más favorables, las poblaciones andinas comenzaron a cambiar sus costumbres de cazadores recolectores. Desaparece, en parte, la vida móvil y trashumante de los cazadores y se establecen pueblos más estructurados con arquitecturas de piedra. Inician, gradualmente, un modo de vida basado en la agricultura y pastoreo andino, transfiriendo toda su experiencia y conocimientos sobre el medio ambiente, derivado del sistema de vida previo. Esto significó la introducción de plantas domesticadas, adaptadas a los ambientes de altura como maíz, quinoa, cañihua, papas, ocas, ollucos, comunes hoy día en la dieta de los pueblos andinos y la introducción de camélidos domésticos (llamas y alpacas. Estos animales fueron fundamentales en la economía andina. Las llamas eran fuente de abastecimiento de carne y charqui (carne deshidratada y salada) y fueron un medio de transporte clave para movilizar bienes y productos entre las distintas zonas andinas. La lana de las alpacas fue especialmente utilizada en la producción de fibra para textilería. La textilería representa una de las tecnologías y artes más desarrolladas de la civilización andina y un rasgo que la distingue y caracteriza sobre otras civilizaciones antiguas. Los tejidos fueron bienes de prestigio social e intercambio y, en particular, la textilería de los pueblos y culturas del desierto del norte de Chile se caracterizó por su preciosismo, colorido y variedad de formas y técnicas de elaboración.

Terrazas de Cultivo en MurmutaniEn el último milenio, y coincidente con la agudización de la aridez, surge una de las repuestas más ingeniosas para hacer frente al estrés ambiental. Se trata de complejas obras hidráulicas y de preparación de suelo agrícola en la forma de andenerías o aterrazamiento de las abruptas laderas de los valles andinos. Los campesinos descubrieron que las vertientes que nacían en las profundidades más altas de los faldeos de los Andes, infiltraban parte de su caudal a pocos kilómetros de su nacimiento, y por esta razón magros cursos de agua alcanzaban las cotas más bajas donde tenían sus sementeras y poblados. La solución fue canalizar las aguas para llevarlas hasta donde era posible y confiable desarrollar una agricultura extensiva. En los casos más audaces las aguas fueron llevadas de una hoya hidrográfica a otra, a través de canales de trasvase que implicaron grandes desafíos tecnológicos, como se observa en el valle de Socoroma, al interior de Arica. Allí, tres canales de trasvase permitieron mejorar el potencial agrícola de este profundo valle andino y aprovechar sus condiciones microclimáticas a través de más de 10 km de andenerías. Gran parte de las laderas de los valles andinos están cubiertas de canales y andenerías de origen prehispánico (época anterior a la invasión española), sólo una pequeña porción es utilizada por los campesinos andinos actuales, debido al empobrecimiento de las vertientes, la desaparición de las organizaciones comunitarias que mantuvieron andenes y canales y, la falta de incentivos para evitar el abandono del campo para migrar a la ciudad.

Junto a la actividad agropecuaria extensiva de la época prehispánica en los valles andinos se establecieron importantes poblados, ubicados en lugares estratégicos defensivos. Durante los siglos XI-XV de nuestra era, hubo una fuerte presión demográfica de poblaciones de origen aymara de la región del Lago Titicaca. Las poblaciones locales intentaron frenar esta presión a través de un cordón de poblados defensivos, conocidos como pukara. Desarrollaron además, posiblemente con miras a establecer cierta cohesión social e identidad cultural, una rica iconografía plasmada, especialmente, en tejidos y cerámica, cuyos complejos e imbricados estilos se conocen como "Cultura Arica" y se distribuyen desde la costa hasta los valles andinos, lo que parece representar una expansión de la tradición andina costera hacia los ambientes más altos. La expansión y consolidación de la Cultura Arica se vio afectada por la presión de los grupos aymara de la región del Titicaca, la incorporación de estos territorios al imperio Inka en el siglo XV y la irrupción del régimen colonial español en el siglo XVI.

 

TRADICIÓN ANDINO COSTERA

En las tierras bajas la “tradición andino costera” logró establecer modos de vida más estables y permanentes, dada la riqueza del mar. Desde las épocas más antiguas se desarrollaron estrategias especializadas para la pesca, la caza y la recolección marítima. Para la pesca se usaron, por ejemplo, redes tejidas de fibra de totora o algodón, anzuelos de hueso, concha, espinas de cactus y finalmente de cobre. Para la caza marina, especialmente de lobos, se utilizaron arpones con puntas talladas de piedras y barbas de hueso, mientras que la recolección de mariscos se realizó con la ayuda de una costilla de animal enmangada en un extremo y rebajada en el otro para desprender de la roca los moluscos gastrópodos.

A diferencia de los alto andinos, los grupos costeros establecieron campamentos más estables con habitaciones de forma circular a base de un armazón de postes de madera dispuestos en forma cónica, cubiertos con esteras, cueros o ramas. Este tipo de instalaciones ocurrió, especialmente, en las zonas de desembocadura de los valles de Arica, donde la complementación de recursos marinos y riberanos permitieron un modo de vida más estable y menos móvil. Una de las materias primas más importantes fue la totora, recogida del río y procesada para diversos usos, que se mantuvieron y ampliaron a través de los milenios. Destacan, por ejemplo, las esteras tejidas con hebras finas de totora deshilachada con fines domésticos (techos, cobertores, vestimenta) y funerarios (mortajas). Redes y otros utensilios de caza, pesca y recolección se fabricaron con fibra de totora o se integró a otros materiales como madera, cuero, artefactos líticos, etc.

La vestimenta consistía en unos “faldellines” de fibra de totora que cubrían la parte anterior del cuerpo bajo la cintura. Otras materias primas como la lana de camélido se emplearon para la elaboración de unos cobertores púbicos armados con una madeja de lana torcida que se pasaba entre las piernas y se afirmada a la cintura con un cordón de hebras de lana torcida. Mientras los alto andinos desarrollaron un arte pictórico vinculado a la mantención de los principios de la sociedad, los andino costeros momificaron a sus muertos, quizás con el mismo propósito.

 

CHINCHORRO EVIDENCIAS MÁS ANTIGUAS DE MOMIFICACIÓN ARTIFICIAL EN EL MUNDO

Con el nombre de Cultura Chinchorro se identifica hoy día a un grupo que adoptó los territorios de la costa norte de Chile como propios, en las zonas de Arica e Iquique. Desarrollaron un sistema de vida simple dependiente de la explotación de los recursos marítimos a través de la pesca, la caza y la recolección. Los precursores de la cultura Chinchorro arribaron a la zona hace unos 9.000 años y por razones que aún desconocemos, mantuvieron su tradición cultural por varios milenios. A partir de los 8.000 años los andino costeros dominaban los espacios de la costa fértil de Arica y, posiblemente, la costa árida de Iquique, manteniendo campamentos estacionales en valles y oasis del interior.

Hacia los 6.000 años, coincidente con la época de máxima aridez en las tierras altas, se intensifica la ocupación de la costa tanto en la zona de Arica como en la zona estéril de Iquique. En esta época, de sequía en las tierras altas altiplánicas, desaparecieron los hábitats de lagos y lagunas, los refugios de cuencas y oasis interiores se reducen drásticamente. En contraste, en la costa se consolida la actual línea costera y se concentran las mejores condiciones para la vida humana.
Este período de estrés ambiental y de presión y crecimiento demográfico en la costa, coincide con la época de desarrollo de la cultura Chinchorro, cuyos sólidos principios pudieron servir como mecanismo de cohesión y defensa social. La definición y defensa de un espacio territorial que incluyera agua relativamente dulce y suficientes lugares para la caza, pesca y recolección marina debieron ser cruciales. Es posible, entonces, que la vida de los Chinchorro se desarrollara en un clima de tensión que terminaba en luchas y agresiones interpersonales cuyas huellas se notan en fracturas y lesiones observadas en los cráneos de esta población.
Momia ChinchorroUno de los aspectos más interesantes de este grupo cultural, se relaciona con los procedimientos empleados para momificar a sus muertos a través de una drástica intervención de los cuerpos, independiente del proceso natural de momificación que caracteriza a los ambientes desérticos como el norte de Chile. La creencia popular y algunos modelos de pensamiento histórico, asumen que sociedades de organización simple y residencia móvil como los Chinchorro no invertían mucho tiempo y cuidado en los ritos relacionados con la muerte u otras actividades que no fueran estrictamente relacionados con la subsistencia y la vida doméstica. El desarrollo de sistemas mortuorios complejos se vincula normalmente a sociedades estratificadas, cuyas diferenciaciones internas se pueden medir por el tiempo y energía empleados en el rito funerario.
En el caso del rito mortuorio de los Chinchorro nos enfrentamos con cuerpos que recibieron gran cantidad de tiempo y atención para su elaboración. Se trata de restos de individuos adultos hombres y mujeres de distinto sexo y edad, niños, recién nacidos y nonatos, que luego de su muerte fueron drásticamente intervenidos. Su constitución física fue alterada y reconstruida combinando partes del propio individuo, principalmente huesos y piel, a los que se agregaron otros elementos como vegetales (ej. ramas, fibra de totora), arcilla, pigmentos de colores. Los procedimientos incluyeron el desprendimiento de la piel, descarnamiento total de los huesos, eliminación de vísceras y cerebro, eliminación parcial de las partes blandas, desecamiento por fuego, etc. En los casos más extremos el cuerpo reconstituido completamente, fue cubierto por una gruesa capa de arcilla y se modelaron los rasgos de la cara, genitales, senos, y se agregó una peluca de pelo humano. Finalmente, los cuerpos fueron enlucidos con una delgada capa de manganeso, un pigmento fino de color negro o con óxido de fierro, un pigmento fino de color rojo. Así, los cuerpos se transformaban en relucientes estatuas de color negro y rojo, que debieron contrastar con el colorido más bien opaco del desierto.
Momias Chinchorro en ExhibiciónComo resultado de estas intervenciones se configuró un ser inanimado, con apariencia hierática; listo para enfrentar una “nueva vida”, cuyo destino desconocemos: ¿enfrentar un mundo desconocido, sobrenatural metafísico? o ¿enfrentar una nueva vida dentro de su propia comunidad?, es decir ¿pasaban a integrar una nueva categoría de actores sociales?, o ¿mitigar el impacto que su muerte causaba en su grupo social?. Tampoco sabemos las razones que tuvieron para aplicar distintos procedimientos de momificación a miembros de un mismo grupo y, sí los individuos que recibieron mayor atención gozaron, en vida, de mayor prestigio social, o tuvieron ciertos privilegios que se mantuvieron después de la muerte.
Cual haya sido el caso, lo cierto es que los Chinchorro invirtieron gran cantidad de tiempo y energía en momificar a sus muertos, lo que constituye un fenómeno único en el mundo, tanto por su antigüedad como por el contexto social en el que fue realizado. Entre 7.000 a 8.000 años antes del presente se ubican las evidencias más antiguas de momificación y se mantuvieron hasta los 4.000 antes del presente. Los estudios acerca de Chinchorro lo definen como un fenómeno meramente funerario desligado de otras esferas de la sociedad y la cultura, debido a que todavía sabemos muy poco respecto del contexto ritual, la funcionalidad y la ideología comprometidos en la momificación. El rito mortuorio, cuyo marco de ideas y procedimientos estuvo determinado por la ideología y cosmovisión aceptado por esta comunidad de cazadores, pescadores y recolectores marítimos, pudo servir a otras esferas de la cultura y la sociedad como medio de expresión y comunicación; como por ejemplo, mecanismo de enculturación, es decir el proceso de aprendizaje de los principios que rigen una sociedad, mantención de su cohesión interna, integridad social y memoria histórica. Los códigos de comportamiento social pudieron inculcarse durante el proceso de momificación artificial, en la medida que pudo crearse un ambiente y escenario ideal para el adoctrinamiento cultural.
Es interesante notar que este grupo mantuvo sus patrones culturales por más de 3000 años (8.000 - 4.000 años antes del presente) y para ello debió disponer de un efectivo sistema de transmisión cultural. Los conocimientos técnicos y concepciones ideológicas vinculadas con la momificación, como así también las técnicas de subsistencia y los principios que servían para explicar a esta sociedad, requirieron de un sistema que les permitiera mantener por varios milenios su memoria histórica y un mecanismo de transmisión, que asegurara el traspaso de todo este legado de una generación a otra, sin grandes variaciones. Así como los cazadores de Australia y posiblemente los cazadores alto andinos usaron los escenarios de cuevas con pictografías como medio de transmisión cultural, en el caso de los Chinchorro, esto pudo ocurrir durante el proceso de momificación de un individuo, ocasión que, posiblemente, congregó a gran parte de los miembros de la comunidad.

Otro aspecto interesante de los Chinchorro radica en el énfasis en enterramientos colectivos. Conjuntos de individuos de distinto sexo y edad se dispusieron uno junto al otro, tapados con una estera de totora. Esta característica diferencia a los enterratorios Chinchorro de todas las demás épocas. Esto parece significar que el fundamento o unidad básica de la sociedad radicaba en el conjunto de individuos. Posiblemente no existía un concepto marcado de individualidad unipersonal; por el contrario la individualidad se agotaba en el conjunto de individuos, de distinto sexo y edad, que formaban una unidad social y se relacionaban con otras unidades de similar estructura dispersas a lo largo de la costa de Arica e Iquique.

 

La tradición andino costera agromarítima

Hacia los 3.000 años antes del presente, como ocurre con la tradición "alto andina", la tradición "andino costera" cambia sus principios fundamentales. Se organiza un nuevo sistema de subsistencia basado en la horticultura con fuerte apoyo de los recursos marítimos. Se establecen asentamientos más estables al interior de los valles y un nuevo sistema de creencias y expresiones rituales transforman completamente los procedimientos previos. Las nuevas creencias provenían de centros ceremoniales más avanzados, ubicados en la región del lago Titicaca. La calidad de vida mejora, en la medida que se incorporan nuevas tecnologías para la elaboración de tiestos de cerámica, tejidos de lana, cestería, madera, etc. Objetos fabricados con materias primas exóticas o de gran elaboración artesanal, como tejidos, objetos de cobre, collares de cuentas de cuarzo o concha, etc. se utilizan para simbolizar prestigio y posiblemente pertenencia social.

Turbantados del Formativo Uno de los aspectos que distingue a las sociedades posteriores a Chinchorro no sólo es la pérdida de la momificación artificial, sino también la clara aparición de enterratorios individuales, ubicados en fosas independientes rodeados por un conjunto de artefactos propios. Este rasgo indicaría profundos cambios en las concepciones acerca de la unidad básica de la sociedad. El sistema social radicaba en los individuos, reconocidos como entes independientes, y no en un conjunto de individuos como en Chinchorro
El comienzo de la vida aldeana en los valles y oasis del desierto del norte de Chile se distingue además por una rica iconografía derivada de centros ceremoniales, como Pukara, de la región del Titicaca, cuyo prestigio se basaba en templos de grandes pirámides de piedra labrada y esculturas. Esta es la época en que se forjan los principios ideológicos y sociales de la civilización andina, que alcanza su mayor expresión con el imperio Inka. Algunos elementos de la nueva ideología, como tejidos con diseños escalerados, figuras de rostros humanos con apéndices en forma de rayos, fueron incorporados y procesados internamente por las poblaciones costeras para servir a sus propios intereses y dinámica social.
Este es un período de experimentación y de expansión territorial de las poblaciones costeras hacia los valles y oasis interiores favorecido por un mejoramiento de las condiciones de humedad en las tierras altas, que debió tener efectos positivos en la disponibilidad de agua en las tierras bajas. Así por ejemplo se introducen una serie de productos agrícolas adaptados a climas semitropicales de los valles de Arica, como maíz, porotos, ají, pallares, camote, yuca, etc. Se levantan poblados más estables, destacando aquellos ubicados en la cuenca de la Pampa del Tamarugal, como Caserones y Guatacondo.
Poblado San Lorenzo, AzapaLa vida aldeana se consolida durante la segunda mitad del primer milenio después de Cristo, en la medida que las poblaciones costeras pasan a integrar la esfera de interacción de Tiwanaku, estado teocrático de gran prestigio y poder centrado en el Lago Titicaca, y de gran influencia regional en los Andes del sur. Su presencia se nota con fuerza en los valles de Arica y cuencas y oasis interiores y, en menor grado, a lo largo de la costa de Iquique y Arica. Las poblaciones costeras acceden a una economía de corte agro-pastoril, en la medida que se integraban recursos agrícolas de los valles bajos y recursos pecuarios de llamas y alpacas en la forma, de carne, charqui, lana y transporte. La importancia económica e ideológica de los camélidos queda de manifiesto a través de ofrendas de patas de llamas y restos de contenidos estomacales dispuestos en las tumbas de esta época. La influencia Tiwanaku se distingue, también, a través de la incorporación de una serie de bienes de prestigio, tales como vasos ceremoniales conocidos como keros, gorros de cuatro puntas para distinguir el prestigio social de un cacique local, tejidos listados de colores rojo, azul, verde, amarillo, café, etc.

Chuspa Desarrollo Regional, Costa de AricaA partir del siglo XI después de Cristo, coincidente con un nuevo período de sequía, se producen importantes transformaciones en la tradición andino costera. Desaparece Tiwanaku como centro de poder regional, se empobrecen los ambientes andinos de pastoreo, lo que obliga a realizar importantes reajustes en la organización económica, uso del espacio, como así también en los aspectos rituales. Las poblaciones vuelven a establecer una fuerte economía agro-marítima y expanden su control territorial hacia los valles cordilleranos donde se integran con la tradición alto andina. Se desarrolla una iconografía de corte local que integra elementos propios y otros derivados de tradiciones anteriores. A diferencia de los diseños anteriores de motivos lineales, la cerámica y tejidos se llenan de figuras antropo y zoomorfas y personajes míticos. Esta riqueza iconográfica es el elemento que caracteriza a la Cultura Arica y se mantuvo vigente hasta la época de influencia del imperio Inka, pero desaparece al comienzo de la conquista española en el siglo XVI. En la actualidad, los valles han perdido gran parte de su tradición cultural milenaria, ya que las poblaciones indígenas decrecieron rápidamente durante la colonia, por efecto de las enfermedades, mestizaje y perdida cultural por imposición de la cultura europea a través de la religión y el nuevo orden social. La tradición andino costera ha sido reemplaza en parte por la tradición alto andina a través de los inmigrantes del altiplano y valles andinos, acomodados en los valles en su éxodo hacia las ciudades de la costa. A pesar de todo, el norte de Chile destaca por su rostro pluricultural.

 

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Como citar este artículo

Santoro, Calogero

2000 Culturas del desierto chileno. En: Boletín-e AZETA Noviembre 2000 (http://www.uta.cl/masma/azeta/cultdes)

ó

2000 Culturas del desierto. Arica: Ediciones Universidad de Tarapacá.


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