Boletín-e AZETA

FEBRERO 2002

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EL PUKARA DE CAILLAMA, LAS CHULPAS DE BARRO Y EL CONTROL POLÍTICO DE LA SIERRA DE ARICA DURANTE EL PERÍODO INTERMEDIO TARDÍO

Resultado Proyecto FONDECYT 1000457

Álvaro Romero Guevara

Lic. en Antropología mención Arqueología. Departamento de Arqueología y Museología, Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, Arica.

Resumen/Abstract

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El pukara de Caillama, ubicado en la sierra de Chapiquiña (Provincia de Parinacota), concentra un importante conjunto de chulpas de barro, monumentos funerarios de in-dudable origen altiplánico.
En este trabajo se discute su contexto arqueológico, el contexto del pukara y su relación con otros asentamientos de la sierra de Arica.

Con estos antecedentes podemos empezar a considerar a estos monumentos como un indicador arqueológico adicional en la discusión del control político e interacción de este nicho productivo de los Valles Occidentales.

1. INTRODUCCION

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La ocupación intensiva de la sierra de Arica sólo se llevó a cabo hacia comienzos del segundo milenio de la era cristiana, como lo establece un largo listado de fechas absolutas por TL de cerámicas provenientes de diversos poblados entre los 2000 y 3300 msnm (Muñoz y Chacama 1988; Muñoz et al. 1997). Este espacio productivo fue desde aquel momento densamente explotado con una fuerte inversión en infraestructura, entre ellas terrazas agrícolas, obras hidráulicas, poblados y pucaras, dentro de una economía agro-pastoril, nunca antes desarrollada en esta zona de la vertiente occidental de los Andes.

Gran parte de la discusión relativa a estos poblados tiene relación al control político y adscripción cultural de estas sociedades. Todas las interpretaciones consideran a lo menos dos poblaciones interactuando. Las interpretaciones más clásicas señalan que en el nicho serrano un grupo cultural de valles bajos interactuó con un grupo de tierras altas (Niemeyer et al. 1971-72; Santoro et al. 1987; Muñoz et al. 1987b), donde el control político fue ejercido por poblaciones con tradiciones costeras mediante un sistema organizado como pequeños curacazgos (Muñoz 1987; 1996).

Por otro lado, la penetración o influencia altiplánica en la zona de la sierra ha sido interpretada como parte de un proceso de extensión de unidades políticas post-Tiwanaku

"cuyas elites buscaron preservar sus privilegios e identidad como cuerpo social mediante el establecimiento de lazos sociales, políticos y económicos bajo una ideología común. Dentro de esta ideología adoptaron estructuras chullparias como monumentos funerarios destinados a alojar y venerar a los miembros difuntos de sus estamentos corporativos relacionados por parentesco" (Schiappacasse et al. 1989:186).

A este panorama de interacción o conflicto entre dos unidades culturales, hemos incorporado recientemente la existencia de un grupo cultural serrano, caracterizado por tecnologías, patrones iconográficos y asentamiento diferentes a las denominadas tradiciones Arica y altiplánicas (Romero 1999a; Santoro et al. 2000; Muñoz y Santos 1998). Este grupo cultural ha sido denominado Charcollo, principalmente por la alta frecuencia de este estilo cerámico (Dauelsberg 1959) en algunos asentamientos serranos. Este grupo local pudo haber sido una primera migración altiplánica luego del colapso Tiwanaku y antes de la formación de los reinos altiplánicos.

Dado este panorama, caracterizado principalmente a través de distribución cerámica y patrones de asentamiento, proponemos la utilización de una evidencia que complemente estos estudios: los patrones arquitectónicos funerarios. Los estudios al respecto han sido escasos y poco sistemáticos.

Dentro de un esquema global del Periodo Intermedio Tardío y Tardío del área Centro Sur Andina, las chulpas han sido frecuentemente estudiadas y podemos disponer de algunas referencias y patrones característicos, tanto en tipología arquitectónica como en funcionalidad (p. e. Hyslop 1977; Aldunate y Castro 1981; Aldunate et al. 1982; Gisbert et al. 1996; Parsinnen 1994, entre otros). A partir de tales estudios podemos considerar que los torreones líticos y circulares se ubican principalmente en la parte norte de la cuenca del Titicaca, mientras que los torreones de planta rectangular y estructura de adobe se ubican hacia el lado sur. Excepciones a esta regla pueden deberse a causas de difusión y cronología.

Acerca de la funcionalidad se ha establecido que en el Altiplano parecen corresponder a entierros de élites con poder ideológico y económico, mientras que hacia la periferia pueden ser marcadores ideológicos y hasta territoriales.

La presencia profusa de un tipo de chulpas en el pukara de Caillama, junto con otra evidencia contextual, tales como patrones cerámicos y arquitectónicos puede servirnos para vislumbrar el rol de este poblado y compararlo someramente a otros asentamientos que poseen tales estructuras funerarias, pero con menor frecuencia.

Sostenemos, en definitiva, que las chulpas y su contexto pueden darnos luces acerca del tipo de control político e interacción que se dio en la sierra de Arica. La comparación con otros contextos nos arroja una situación multiforme, en donde cada enclave en particular respondió de manera distinta a las presiones poblacionales post-Tiwanaku (Charcollo), de los reinos aymaras (Negro sobre Rojo) y los grupos culturales de valles (Arica).

2. DESCRIPCION GENERAL

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El sitio arqueológico de Caillama se ubica sobre la cima de un cordón montañoso que separa las quebradas de Laco y Caillama, afluentes del río Tignamar. A una altura de 3000 msnm, 5 km aguas abajo del poblado actual de Chapiquiña (Figura 1 y Foto 1). El cordón montañoso es conocido como Chulpane, o lugar de chulpas en lengua aymara (Foto 2). Este cordón posee frecuentes afloramientos rocosos en forma de farellones y también como planos horizontales.

Este lugar ha sido visitado por sucesivas expediciones arqueológicas a cargo de los investigadores Hans Niemeyer, luego por Percy Dauelsberg, y recientemente Iván Muñoz. Aún así no existen publicaciones específicas, sólo breves referencias y algunas fotos de este sitio en la literatura arqueológica (Ver Aldunate y Castro 1981:99; Muñoz 1996).

El sitio arqueológico comprende un área de 25 km² (2,5 km x 0,8 km) (Figura 2) conformando lo que Muñoz y colaboradores denominan "pukara de cumbre", un "conjunto de recintos en la cima de un cerro aislado, circundados por uno o más muros perimetrales" (1997:134). Se trata de un sitio de similar tipología al bien conocido Pukara de Copaquilla, ubicado junto a la carretera internacional Arica-La Paz.

Desde el pukara de Caillama se puede tener una visión prácticamente completa de todo el entorno. Hacia el oeste se puede observar el poblado arqueológico Laco Alto, ubicado en la ladera opuesta de la quebrada Laco. Este poblado, en proceso de estudio, tiene dos fechas por termo-luminiscencia de: 1160 ± 60 dC (Estilo Charcollo) y 1370 ± 45 dC (Estilo Tumilaca) (Muñoz et al. 1997).

En el mismo cordón montañoso en dirección suroeste a unos 700 m se ubica un sector funerario probablemente asociado al sitio, compuesto por cistas o chulpas de piedra de una altura promedio de 80 cm y de planta circular.

Hacia la ladera este de la quebrada de Caillama, es decir, en la ladera opuesta al pukara, se puede observar un conjunto de terrazas de cultivo prehispánicas de tamaño discreto, las que fueron regadas por un canal que circula sobre el conjunto.

3. CATEGORIAS FUNCIONALES DE LA EVIDENCIA ARQUEOLOGICA

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Siguiendo la metodología utilizada para la exploración espacial del poblado de Huaihuarani (Romero 1999a), hemos dividido la evidencia arquitectónica en dos tipos de unidades de análisis.

Por un lado tenemos las unidades espaciales (UE) que consisten en espacios culturales delimitados por muros y que equivale al interior de lo que se ha denominado "recinto" en la mayoría de la literatura relativa a los valles occidentales. Estas unidades pueden tener atributos tales como forma de planta, tipo de muro, área y funcionalidad.

Las unidades arquitectónicas (UA) consisten en el conjunto de unidades espaciales que comparten estructuras o muros. Si bien existen varios casos en que una UE corresponde a una UA (unidades arquitectónicas mono-espaciales), su complejidad puede ser indicadora del grado de aglomeración o planificación del poblado.

De acuerdo a su funcionalidad, las 247 unidades espaciales registradas pueden ser clasificadas en cinco categorías tipos funcionales, como se observa en la Tabla 1.

Tabla 1: Comportamiento de categorías arquitectónicas

Categoría funcional

N

%

Chulpa de barro

19

7.7%

Cista

27

10.9%

Habitacional

173

70.0%

Mirador / Público

3

1.3%

Silo

25

10.1%

Total

247

100.0%

3.1 Chulpa de barro

Se les denomina chulpa a una construcción de función funeraria de forma de torreones de piedra, adobe o barro. En Caillama se concentran una importante cantidad de este tipo de estructuras de barro, aspecto que parece ser único en la sierra de Arica, donde sólo ocasionalmente se registran una o dos de tales estructuras funerarias.

Se han detectado 19 estructuras en diferentes estados de conservación, destacándose 3 mejor conservadas ubicadas en el extremo noroeste del sitio. La gran mayoría sólo conservan los cimientos rectangulares de barro y piedras laja.

3.2 Cista semi-aérea

Compartiendo espacio con las chulpas de barro se ubican una serie de 27 unidades funerarias de piedras muy mal conservadas, y que debieron ser pequeñas estructuras abovedadas de planta circular, con un diámetro promedio de 60 cm y una altura no mayor a 80 cm.

Actualmente estas estructuras sólo conservan sus cimientos de planta circular con una hilera y el resto de la estructura está totalmente colapsada, mostrando un ordenamiento aglomerado que se hace difícil de distinguir. Este patrón de cistas funerarias semi-aéreas aglutinadas es muy común en varios sectores funerarios de sitios arqueológicos de la sierra (Muñoz et al. 1987b; Muñoz et al. 1997) y valle de Lluta (Santoro 1995; Romero et al. 2000).

Restos óseos y cerámica fragmentada se distribuyen densamente entre estas estructuras, pudiendo ser consecuencia de sucesivos saqueos y/o sucesivos eventos rituales.

3.3 Habitacional

Las 173 unidades habitacionales fueron definidas principalmente por su tamaño, es decir, mayores a 2 m² y su material cultural en superficie, correspondiente a ceniza, fragmentos de cerámica, restos óseos y material lítico.

Las unidades que forman el pukara son principalmente de forma elipsoidal, sin esquinas, con muros pircados de doble hilada con relleno (Foto 3).

3.4 Mirador / Uso Público

Al definir el sitio como Pukara o fortaleza, lo hacemos principalmente por emplazamiento y la existencia de muros perimetrales. Además, junto a esta intencionalidad estratégica del asentamiento, existen características de algunas unidades que sustentan esta interpretación. A partir de tal interpretación suponemos la existencia de unidades con un uso diferente o adicional al habitacional. Ya señalamos que el sitio se ubica sobre una cumbre con frecuentes afloramientos rocosos desde donde se tiene una excelente visión del entorno y hacia todas las orientaciones cardinales.

Destacan 3 unidades (146, 155 y 222) ubicadas sobre salientes de la meseta, con un tamaño mayor que el promedio, con plantas de forma irregular y con muros más bien de baja altura (40 cm). Las unidades 146 y 155 miran hacia el oeste, justo frente al poblado de Laco Alto. En ellos se observa una alta densidad de fragmentos cerámicos y presencia de instrumentos y deshechos líticos.

El recinto 222 (Foto 4)se ubica en el extremo sur del asentamiento sobre un saliente rocoso que cae abruptamente hacia el este. Desde este recinto se puede tener una excelente visión del este y sur, mirando hacia el conjunto de terrazas agrícolas ubicadas en la ladera opuesta de la quebrada de Caillama. En este recinto casi no se observan restos culturales, pues lo rocoso de la superficie impidió la creación de una estratigrafía cultural.

Interpretamos estos recintos como unidades con un rol estratégico. Además postulamos que algunos recintos de la cumbre (193, 147, 199 y 140) también pudieron tener una función estratégica, dada su importante visión del entorno.

3.5 Silo o Colca

Las 25 unidades definidas como bodegas fueron clasificadas por poseer un tamaño inferior a 2 m². Estas unidades estuvieron construidas con muros pircados en forma de bóveda semi-aérea formando una estructura de baja altura y de planta circular.

La puerta de estos recintos pudo estar ubicada al nivel del suelo o también en la parte superior, la que pudo ser sellada con piedras laja. Si bien su construcción puede ser similar a algún tipo de cistas funerarias de asentamientos serranos, descartamos una función funerarias por la falta de restos óseos y su cercanía con las unidades clasificadas como residenciales.

4. SECTORIZACIÓN FUNCIONAL DEL PUKARA

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Se procedió a sectorizar el poblado de acuerdo a la topografía y tipos de unidades, así se propuso una división de 5 sectores (Figura 2), cuyas características se resumen en la Tabla 2.

Tabla 2: Caracterización de sectores

Categoría Funcional

Norte

Noroeste

Nordeste

Oeste

Este

Cima

Total general

Chulpa

19

41.3%

19

Cista

27

58.7%

27

Habitacional

40

100.0%

64

100.0%

24

88.9%

19

45.2%

26

92.9%

173

Mirador

2

7.4%

1

2.4%

3

Silo

1

3.7%

22

52.4%

2

7.1%

25

Total

46

18.6%

40

16.2%

64

25.9%

27

10.9%

42

17.1%

28

11.3%

247

4.1 Sector Norte

Este sector concentra todas las unidades de carácter funerario, ocupando principalmente los bordes oeste y este del cordón montañoso. Al interior de este sector se ubican una serie de alineamientos simples y bajos de piedra de hasta 30 m de largo, que se orientan desde la parte posterior de la chulpa 24 en dirección NW. Hacia el norte se ubica un sendero actual que comunica las estancias de Caillama con las de Laco, y de manera más amplia, el poblado de Chapiquiña con el de Copaquilla.

Es importante destacar que en este sector funerario comparten espacio indistintamente chulpas y cistas sin observarse un orden claro, ni jerarquía, salvo que las chulpas por su estructura resultan más visibles que las cistas.

4.2 Sector Noroeste

El sector Noroeste posee una topografía fuertemente inclinada hacia la cima ubicada al sur del pukara. En este sector se levantan principalmente unidades habitacionales en diferentes planos horizontales, comunicándose por pasillos y escalinatas de un ancho inferior a los 80 cm. Este sector es levemente más denso y aglutinado que los otros.

4.3 Sector Nordeste

Al contrario del sector Noroeste, se ubica sobre un sector con inclinación moderada y las unidades exclusivamente habitacionales se reparten de una manera menos aglutinada.

Existe un conjunto arquitectónico ubicado en el extremo norte de tamaño grande y muros de hilada simple, con una probable función o temporalidad distinta al del resto del pukara. Además este sector fue más afectado por las inclemencias del tiempo, en especial aluviones, que han dejado en muy mal estado de conservación a las unidades.

4.4 Sector Oeste

El sector Oeste se ubica sobre un fuerte plano inclinado hacia la cumbre, por lo mismo las unidades son menos frecuentes, aunque también comunicadas por complejos pasillos (Foto 5).

Este sector se caracteriza por contener gran parte del muro perimetral del pukara, con dos accesos desde el exterior hacia un área sin unidades. Por ubicación y tamaño podría corresponder a un corral, pero su superficie rocosa no contiene evidencias de guano.

4.5 Sector Este

Este sector esta cortado por frecuentes farellones y ocupa un lugar menos protegido de los fuertes vientos y demás inclemencias. Concentra una apreciable cantidad de unidades que sirvieron como silos o colcas (22), más algunas unidades habitacionales (19) ubicadas en la parte alta del sector, limitando con la cumbre. El estado de conservación de estas unidades es regular y malo.

4.6 Sector de Cima

La cima tiene un relieve mucho más plano que el resto de los sectores y, por lo mismo, concentra unidades con un área promedio mayor. Estas unidades tienen evidencias superficiales densas de cerámica y bolsones estratigráficos con abundante ceniza que nos hacen pensar en su uso residencial, pero su ubicación desprotegida y muros bajos también nos hacen dudar de esta adscripción.

5. EL PATRON HABITACIONAL

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Es muy probable que algunas de estas unidades pudieran ser en realidad pasillos que comunicaron varias unidades habitacionales, definidas principalmente por un número superior de vanos. Aunque no hemos verificado el total de unidades, pudimos detectar que las unidades 142 y 197, cada una con tres vanos de acceso.

El área promedio de estas unidades es de 14 m², con una desviación estándar de 4. La variable área fue dividida en rangos para observar mejor su comportamiento, así podemos apreciar en la Tabla 3 que un 44% se concentra en el Rango 4 a, es decir, entre 10 y 14 m².

Tabla 3: Distribución de rangos de área de UE habitacionales

Rango de área

N

%

R3 (2-9 m²)

35

20,2%

R4 a (10-14 m²)

77

44,5%

R4 b (15-19 m²)

48

27,7%

R5 (>20 m²)

13

7,5%

Total

247

100.0%

Se estudio con mayor detalle una muestra de 37 unidades habitacionales para cuantificar algunas características de la forma de la planta, muros y vanos.

Si bien un 97% de las unidades son de forma de elipse, tal como la mayoría de las unidades habitacionales de los asentamientos serranos (Muñoz et al. 1997:135), podemos distinguir que sólo un 25% de los casos corresponden a unidades circulares, mientras que un 68% son ovoides.

El ancho promedio de los muros muestreados es de 64 cm, mientras que la altura máxima promedio es de 107 cm. La gran mayoría de los muros son de aparejo rústico (95%) y de hilada doble con relleno interno (75%).

El estado de conservación es regular, con muros medianamente colapsados principalmente hacia la ladera, pero observándose casi siempre sectores con la altura original. No se observan en superficie restos de postes u otro elemento que pudiera indicarnos algún tipo de techumbre.

De los 43 vanos fichados en 37 unidades habitacionales, se obtiene un promedio de 1,2 vanos por unidad, lo que distinguiría este tipo de unidad frente a tentativas unidades que pudieron servir como pasillos con 3 o más vanos.

En la Tabla 4 se observa el comportamiento y distribución de los diferentes tipos de vanos identificados en Caillama. La gran mayoría de estos vanos tienen una factura simple (65%), es decir, sin jambas o estructuras arquitectónicas adicionales.

Tabla 4: Distribución del atributo tipo de vano

Tipo de Vano

N

%

Vano Simple

28

65.2%

Con Jamba

5

11.6%

Apéndice Frontal

5

11.6%

Apéndice Interior

3

7.0%

Apéndice Lateral

2

4.6%

Total

43

100.0%

Por otro lado, similar cantidad de casos muestra el tipo de vano con jamba (1 ó 2 grandes piedras dispuestas verticalmente delimitando el vano) y el tipo de acceso a través de un apéndice frontal que se prolonga desde ambos muros. Es interesante que el apéndice lateral (que se forma al prolongar uno de los muros) característico del poblado de Chapicollo (Muñoz et al. 1987a) y del sector de población local en el poblado de Huaihuarani (Romero 1999a), en este sitio de Caillama su representación sea mínima.

Por último, al analizar el tipo de relación que enlazan los vanos, como señala la Tabla 5, vemos que una gran mayoría sirve para unir unidades con pasillos de comunicación (62%).

Tabla 5: Distribución del tipo de relación de vanos

Tipo de relación

N

%

Unidad-Pasillo

27

62.8%

Unidad-Exterior

9

20.9%

Unidad-Unidad

7

16.3%

Total

43

100.0%

Con mucho menor frecuencia, los vanos sirven para articular unidades con el exterior (20%) y unir unidades habitacionales entre si (16%).

En resumen podemos señalar que la mayoría de las unidades habitacionales son de forma elipsoidal o circular. Los muros pircados de apariencia rústica se construyeron con una depurada técnica de doble hilada con relleno interior de barro a modo de aislante y mortero. La altura original de los muros alcanzó apenas 1,2 m, aunque una mayor envergadura pudo haber sido dada por postes verticales adosados a los muros.

La mayoría de los vanos poseen una factura simple, es decir, jambas o estructuras arquitectónicas adicionales. Se observa que la mayoría de los vanos de Caillama enlazan unidades habitacionales a través de pasillos de comunicación.

6. LAS CHULPAS DE CAILLAMA Y DE LA SIERRA DE ARICA

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Uno de los rasgos más relevantes del sitio es su alta frecuencia de chulpas de barro, aspecto que parece ser casi único en la sierra de Arica. Así lo planteaban Aldunate y Castro años atrás, cuando afirmaron lo siguiente:

"(...) parece ser que en el área de valles y sierra de la región de Tarapacá, las chullpa se presentan relativamente aisladas o constituyendo pequeños conjuntos, a excepción de los sitios de Chulpani [Caillama] y Nama"(1981:99).

Hans Niemeyer, que al parecer fue el primer arqueólogo que visitó el sitio constató que existía un número considerable de chulpas (Aldunate y Castro 1981:99). Nosotros hemos registrado 19 estructuras que pudieron corresponder a chulpas. Las tres chulpas mejor conservadas nos ofrecen una buena idea de cómo estaban construidas las demás.

La chulpa 21 (Figura 3 a y b y Foto 6), la mejor conservada, suma una altura total de 150 cm, posiblemente la altura original. Los muros de barro y algo de paja se construyeron a modo de pastelones formando una estructura paralelepípeda con una leve tendencia piramidal inversa. La planta de la estructura es de forma rectangular sumando un largo aproximado de 220 cm y un ancho de 160 cm. Las otras estructuras de barro del sitio presentan medidas que van entre 200 y 300 cm de largo y 120 a 200 cm de ancho.

Si bien la chulpa 21 no presenta una disposición de lajas interiores, tanto la chulpa 22 (Figura 3 c y Foto 7) y 23 poseen esta característica bien conservada y las evidencias de las demás estructuras de barro indican que tal estructura existió en la mayoría de ellas. Estas lajas se disponen verticalmente en el interior, cubriendo las paredes de la bóveda y sosteniendo la estructura de barro externa. Sobre los extremos de este rectángulo interno de lajas verticales, se dispusieron lajas horizontales para soportar el techo de adobe.

Aunque se conserva un sólo ejemplo de vano completo con insinuación trapezoidal y dintel de laja, es muy probable que este haya sido el patrón de los vanos de las demás chulpas, debido a sus dimensiones y la existencia de lajas cercanas a los derrumbes de las demás chulpas. El vano de la chulpa 21 se ubica a nivel del piso y alcanza una altura de 70 cm, un ancho inferior de 56 cm y superior de 41 cm. El dintel sobresale algunos cm del aplomo del muro. Estas chulpas fueron construidas sobre terraplenes preparados con muros pircados de contención y rellenos con tierra, elevándose sobre 40 cm del piso.

Miembros de la comunidad de Chapiquiña motivados por la ejecución de un proyecto FONDART (nota 1) practicaron excavaciones ilegales en tres de las mejor conservadas chulpas, trasladando depósitos de más de 10 cm al exterior de las chulpas.

Al harnear el material procedente del interior de la chulpa 21 se recuperaron algunos restos óseos humanos adultos y un diente de infante, junto con fragmentos de cerámica sin decoración y muchos restos de barro del muro. No se observaron lentes de ceniza ni de otro origen cultural en la estratigrafía expuesta de la chulpa.

Durante las jornadas de prospección del año 87 a cargo de Percy Dauelsberg, se procedió a una recolección superficial que incluyó los sectores funerarios. Al revisar dicha colección pudimos constatar que cerámica de los estilos decorativos de Arica, en especial Gentilar, aparecen junto a cerámica de la tradición negro sobre rojo o Chilpe, en estos contextos que provienen de chulpas de barro.

Como señalamos, las chulpas de Caillama destacan por su densidad, aunque su presencia tampoco es frecuente en los sitios de la sierra.

Por el contrario, el patrón funerario en la sierra puede ser denominado tentativamente y a la espera de un trabajo específico, como un patrón de cistas. Las cistas (nota 2) arqueológicas pueden ser definidas como fosas emplantilladas con piedras de planta generalmente circular. En los valles y costa de Arica este tipo de entierro es tan frecuente como las fosas sin emplantillado durante el Período Intermedio Tardío (Mostny 1943; Dauelsberg 1959; Santoro 1995; Muñoz y Focacci 1985).

A medida que se sube en cota estos entierros pueden hacerse semi-subterráneos y semi-aéreos aprovechando frecuentemente formaciones rocosas. La diferencia constructiva con los silos o colcas es el aglutinamiento mostrado por las cistas, pero ambas tienen su principal abertura en lo alto de la construcción.

Así, la principal diferencia del patrón de cistas con el patrón chulpa es la inexistencia de una puerta o vano lateral, el entierro delas cistas parece ser sellado con lajas o piedras en la parte superior de la estructura. Creemos que este es un rasgo relevante para diferenciarlas, ya que la orientación de los vanos de chulpas y la comunicación de estas con el exterior son rasgos relevantes en la funcionalidad de estas estructuras (Aldunate y Castro 1981; Aldunate et al. 1982; Ayala 1997; Gisbert et al. 1996).

A continuación revisaremos los informes de sitios de Valles Occidentales con chulpas descritas.

6.1 Incauta

Extenso y complejo poblado ubicado en la sierra del Valle de Codpa a 3200 msnm. Sus fechados TL y estilos cerámicos lo sitúan entre los 1090 hasta el 1340 dC (Muñoz y Chacama 1988).

Se describen dos sectores funerarios, uno en el lado Noreste del poblado con cistas semi-aéreas y otro en la ladera opuesta del valle a 500 m del sitio, constituido principalmente por cistas subterráneas y semi-subterráneas, y en un extremo de este cementerio se ubica

"una Chullpa de adobe bastante bien construida (…) Esta Chullpa tiene aproximadamente 1,20 m de alto de forma casi cúbica estructurada con adobes de barro y fibra vegetal; presenta una pequeña abertura orientada hacia el este; y se halla dispuesta sobre una pequeña plataforma de unos 4 m² delimitada hacia el este por una pequeña pirca de aprox. 10 cm de altura" (Muñoz et al. 1987b:14).

En dicho sector funerario, según el muestreo y análisis de los autores, la cerámica Arica alcanza amplia mayoría (77%), seguida muy de lejos por Charcollo (11%) y Negro sobre Rojo (5%) (Muñoz et al. 1987b:19)

6.2 Chulpas de Zapahuira (AZ-125)

Se trata de dos chulpas ubicadas al sur del Tambo Zapahuira 1 y el cerro Huaycuta. Se encuentran aisladas en plena pampa y también distante entre sí. Ambas estructuras

"son de mampostería ordinaria unidas con argamasa de barro y fibra vegetal; dentro de su construcción se puede apreciar la utilización de pastelones de fibra vegetal" (Muñoz et al. 1987a:70)

Un fechados TL de Huaycuta da un rango entre 1380 y 1480 dC, mientras que Zapahuira 1 con dos fechas tiene un rango entre 1110 y 1310 dC (Muñoz y Chacama 1988).

6.3 Pukara

En la sierra de Tacna, cercano al actual pueblo de Sitajara se ubica el asentamiento Pukara a 3400 msnm, ocupando un promontorio rocoso. La forma de planta de las cerca de 80 unidades es principalmente rectangular con muros divisorios y silos interiores. La infraestructura defensiva del sitio comprende una zanja de 3m de profundidad y 3 de ancho.

Fuera del área residencial y más allá de la fosa se ubica un cementerio con entierros principalmente en cistas semi-subterráneas y aglutinadas y otros entierros aéreos, entre los últimos destacan:

"Chullpas construidas de arcilla color rojiza, de estructura voluminosa y compacta. Tienen planta rectangular y en algunos casos alcanzan hasta los 3 m de altura. Hemos registrado tres chullpas, dos de las cuales se encuentran en regular estado de conservación y una tercera se encuentra casi destruida en su totalidad. La técnica de construcción es sobre la base de sucesivas camadas de paja brava (ichu), alternadas por "tortas" o vaciados de arcilla de hasta 12 cm de grosor; y así continuadamente hasta lograr el volumen, altura y la forma deseada. Son de estructura compacta con una cámara abovedada de un metro de altura y una pequeña entrada en la base de 40 por 40 cm, mirando al Este. Como consecuencia de la profanación y destrucción parcial de las chullpas, existen fragmentos de hueso y cerámica diseminados al interior y exterior de las mismas" (Gordillo 1996: 101).

6.4 Miñita

El sitio de Miñita se ubica en los altos de la quebrada de Miñe Miñe afluente sureño del Valle de Camarones, a unos 2800 msnm. Se trata de un amplio sector arqueológico que evidencia sucesivos eventos culturales entre el 1000 dC hasta la presencia española.

El sector denominado Miñita IV está asociado al Período Tardío y posee un área habitacional junto a un área funeraria, donde se ubican cistas semi-aéreas. Compartiendo ese espacio se ubican dos chulpas.

"Ambas chulpas están formadas por dos bloques de barro y paja muy bien emplazadas sobre un terraplén. En la pared que mira hacia el valle se dibujaron dos orificios a manera de ojos (nota 3) los que fueron hechos debajo del dintel construido en laja. Más debajo de estas dos figuras circulares hallamos un espacio que constituye la entrada a la bóveda de la chulpa" (Muñoz y Santos 1998: 79)

Este sector IV, de acuerdo al muestreo y análisis de los autores, está asociado de manera amplia a cerámica de Tradición Serrana (72%), y en mucho menor medida a cerámica de la Tradición Negro sobre Rojo (12%) y cerámica Inka (5%). La cerámica Arica en este asentamiento es casi nula. Además tiene una fecha TL de un rango entre 1475 y 1575 dC (Muñoz et al. 1997).

6.5 Copaquilla

En la localidad de Copaquilla a 3100 msnm, en la Quebrada Seca, afluente del río Tignamar se ubicarían dos estructuras chulpa junto al poblado arqueológico. La siguiente descripción ha sido informada por Aldunate y Castro, según comunicación personal de Hans Niemeyer

"en la cumbre de la loma donde asienta el poblado de Copaquilla. Una de ellas tiene la forma de paralelepípedo, posee una altura cercana a los 160 cm y está construida de piedras prismáticas y barro; la segunda tiene una altura aproximada de 100 cm, es de adobe y su techo es de barro con paja. Ambas estructuras tienen el vano de acceso a ras del suelo. En la misma localidad de Copaquilla existe un cementerio de ocupación Gentilar, denominado "El Rodado" situado en la ladera izquierda del río Seco, frente al poblado indígena. Aquí se encuentra un conjunto de cinco chullpa, que presentan distinto grado de conservación. Están construidas con piedras laja de basalto o andesita, unidas con una argamasa compuesta de barro amarillo y paja. En todas las estructuras el vano está orientado hacia el este. En una de ellas se encontró una mandíbula femenina" (Aldunate y Castro 1981: 98).


6.6 Molle Pampa

El sitio Molle Pampa Oeste es el sitio más extenso del curso bajo del río Lluta, con una cronología relativa que lo ubica en los Períodos Intermedio Tardío y Tardío. Este asentamiento posee una complejidad interna que involucra restos habitacionales de caña y totora de planta rectangular, tres grandes espacios públicos con extremos pircados, y una serie de áreas funerarias donde el patrón constructivo principal es la cista semi-subterránea aglutinada, patrón ubicado sobre el poblado hacia los farellones rocosos de la ladera.

En medio de tales entierros destaca la Tumba 49, que al parecer se trataría de la misma chulpa descrita por Dauelsberg (1960) en el sitio Llu-13 es la misma descrita con más detalle por Santoro (1995) en el sitio Molle Pampa Oeste, en el km 35 del Valle de Lluta:

"En Molle Pampa Este se encontraron fundaciones de un compartimiento muy mal preservado de adobe. Es probable que éstas hayan sido tumbas aéreas de la clase conocida como chulpas. Las fundaciones fueron empotradas unos 20 cm bajo tierra. Las paredes tenían un ancho de 25-40 cm y envolvieron un área de 50 x 140 cm. Las paredes fueron hechas con bloques grandes de adobe. La bóveda fue destruida totalmente en el ejemplar de Molle Pampa Este y los restos de la tumba y de los bloques de adobe estaban dispersos alrededor. Los fragmentos de huesos humanos, de los textiles (p. e. honda) y del maíz eran visibles en los adobes que habían sido utilizados para construir la pared de la tumba" (Santoro 1995:327, traducción mía)

7. TRADICIONES CERAMICAS EN LA SIERRA

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Independiente de lo explícito que sea el marco teórico respecto a la cerámica arqueológica y de la metodología utilizada en la toma de las muestras, la mayoría de los trabajos en la sierra de Arica considera el comportamiento y distribución de estilos cerámicos como un factor importante en la interpretación de los asentamientos.

Nuestra aproximación considera un marco teórico que supone la interacción en un área geográfica y tiempo de diferentes tradiciones cerámicas, es decir, un conjunto de técnicas de recolección y preparación de materias primas, construcción de las vasijas, tratamiento de superficie, patrones estilísticos de forma y decoración, cocción y un contexto de uso.

Estas tradiciones pueden ser reconocidas en fragmentos y piezas completas, analizando en conjunto el tratamiento de superficie, la reconstrucción de formas y la clasificación de estándares de pasta y tipo de cocción. La presencia de cierta cerámica en un sitio arqueológico debe ser estudiada junto al contexto para poder interpretar el grado de adopción de una tradición, si se trata de una tradición elaborada en el sitio o si se trata de una adopción de la cerámica ya fabricada como evidencia de tráfico.

Desde esta perspectiva hemos detectado, en sucesivos análisis de materiales de valles bajos, cursos medios y sierra del Período Intermedio Tardío (Santoro et al. 1996; Romero 1999a, 1999b; Romero et al. 2000), tres principales tradiciones cerámicas que están interactuando con diferentes énfasis según el piso ecológico, y como veremos más adelante, dependiendo también del asentamiento en un mismo nicho ecológico.

7.1 Tradición Arica

Comprende los estilos decorativos San Miguel, Pocoma, Gentilar, más algunos recubiertos blancos y rojos (Figura 4). La principal forma de estas cerámicas son grandes cántaros de hasta 30 cm de diámetro, además jarros de diferente tamaño de forma globular o cilíndrica, pequeños mates cerámicos y keros cilíndricos con modelado en el borde.

Existe una clara diferencia del uso de pastas entre piezas grandes y delicadas. Las piezas grandes, que son la mayoría, poseen principalmente pastas del estándar 400, con un desgrasante de arena con inclusiones de color blanco, negro, y gris en similares proporciones. Algunas están decoradas, éstas tienen un tratamiento de superficie pulido en el exterior, mientras que las sin decoración sólo se encuentran alisadas.

Las piezas de grosores delgados y de formas pequeñas (estilo Gentilar) optan por seleccionar mejor el desgrasante o tamizarlo, por lo que el desgrasante algunas veces es muy fino, denominándolo estándar 221.

En ambas, la cocción es regularmente completa adquiriendo una buena proporción de cavidades y un color rosado (10RP 6/8) a naranja (10R 5/10).

7.2 Tradición Negro sobre Rojo

Se trata de una gran familia de trazados en color negro o marrón sobre la pasta de color café, naranja, rojo o ante o sobre un engobe rojo, que se extiende por el altiplano y zonas adyacentes (Ryden 1947; Albarracín 1996)(Figura 5). En los valles occidentales esta cerámica ha sido denominada Chilpe (Dauelsberg 1959, Schiappacasse et al. 1989) y consiste principalmente en pucos o formas abiertas con decoración interna de líneas gruesas en color negro sobre café, naranja o rojo, o también sobre un engobe rojo oscuro.

El tratamiento de superficie es pulido en ambas caras, sean piezas decoradas o no. Su pasta más recurrente ha sido denominada estándar 220, una pasta fina de escasas inclusiones de color blanco o cuarzo anguloso. La cocción es completa y el color naranja (2YR 5/10) o café (9YR 5/8).

Es interesante que esta tradición llegue a la vertiente occidental principalmente en formas abiertas, existiendo pocos ejemplos de jarros en tales sitios (Santoro et al. 1996; Romero 1999b). Sin embargo, los jarros son formas que componen la tradición negro sobre rojo en los sitios altiplánicos (Gisbert et al. 1996:54; Michel 2000, figuras 24-28).

7.3 Tradición Serrana

Se ha reconocido en asentamientos de la sierra la presencia de un estilo cerámico propio de este piso y una tradición tecnológica que se hace más frecuente desde los valles hacia la sierra. Si bien, el estilo Charcollo había sido reconocido tempranamente (Dauelsberg 1959) en sitios de la sierra, no se había advertido su frecuencia (Figura 6).

Se trata de cerámica de factura burda, preferentemente de formas cerradas y grandes, como cántaros y jarros. Aunque también se han detectado formas abiertas, como pucos de boca ancha. El tratamiento de superficie es alisado con frecuentes cepillados y la decoración se limita a brochazos gruesos lineales o manchas de un color rojo diluido casi nunca formando diseños reconocibles.

La pasta es gruesa y densa en inclusiones de cuarzo o blanco de tamaño mediano y grueso, la cocción es irregular y el color adquirido es naranja (4YR 6/7) a café (9YR 5/5). Este estándar lo hemos denominado 500.

8. LA CERAMICA DE CAILLAMA

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La metodología utilizada para la obtención de la muestra cerámica consistió en un muestreo al azar estratificado de las unidades según sectores. Una vez ubicada la unidad se limitó una cuadrícula de 70 cm para recolectar toda la cerámica superficial y analizarla en el mismo sitio, constatando, medidas, pasta, cocción, decoración, tratamiento de superficie, formas y dibujos.

Así se obtuvieron datos de 267 fragmentos de cerámica, las cuales analizadas según estándar de pasta muestran una distribución expresada en la Tabla 6.

Tabla 6: Distribución de estándar de pasta

Estándar de pasta

i masa*

%

n

%

100

67.4

2.7%

5

1.9%

210

22.4

0.9%

3

1.1%

220

183.9

7.5%

39

14.6%

221

25.9

1.1%

7

2.6%

300

16.2

0.7%

1

0.4%

400

779.4

31.7%

66

24.7%

500

1341.7

54.6%

144

53.9%

600

5.0

0.2%

1

0.4%

700

14.0

0.6%

1

0.4%

Total general

2455.8

100.0%

267

100.0%

* índice de masa: Cuantificación obtenida de un múltiplo entre los factores largo, ancho y espesor de cada fragmento.

 

Vemos en primer lugar que no existe una gran variación entre las proporciones del índice de masa y el número de fragmentos. El único caso que llama la atención, es el de la pasta 220, 39 fragmentos de piezas pequeñas como pucos o escudillas que tuvieron una masa relativa inferior a la representada por su cantidad de fragmentos (7% contra 14%).

Un poco más de la mitad de los fragmentos fue fabricada con un estándar que nosotros proponemos como local o que sigue una tecnología local, es decir pasta 500 (54%). Un poco más atrás están las piezas hechas con una tradición de tierras bajas o estándar 400 (31%). En ningún caso asumimos que todas estas piezas de estándar 400 fueron hechas en nichos ecológicos más bajos y traídas posteriormente al sitio, sino que se trata de la interacción de formas de hacer cerámica frente a otras, reproducidas por diversos mecanismos, entre ellos el principal es la tradición.

Más lejos está la importancia del estándar 220 en la fabricación de cerámicas en Caillama. Con su 7% podemos pensar que estas piezas en su totalidad fueron trasladadas desde tierras más altas, lugar donde el cual proponemos el origen de tal tradición tecnológica.

La gran mayoría de las cerámicas registradas no tienen decoración, como lo señala la distribución de los estilos decorativos de la Tabla 7.

Tabla 7: Distribución de estilos decorativos

Estilos decorativos

n

%

Sin Decoración

180

67.4%

Arica

47

17.6%

Negro s/Rojo

19

7.1%

Charcollo

10

3.7%

Engobe Rojo

6

2.2%

Engobe Negro

4

1.5%

Indeterminado

1
0.4%

Total general

267

100.0%

 

Los estilos de la Tradición Arica son los que están mejor representados en el sitio, alcanzando un 17%, mucho más que cualquier otro estilo. Entre ellos San Miguel y Pocoma tienen similar representación. Más atrás están los estilos que conforman el Negro sobre Rojo con un 7%, conformado principalmente por Chilpe.

Más atrás están los estilos de la sierra, tales como Charcollo (3%) y un conjunto de engobes rojos burdos (2%).

Esta situación en que los estilos decorados muestran un comportamiento que enfatiza la influencia de tradiciones de tierras bajas mientras que los análisis de pasta indican una situación de ocupación y utilización de tradiciones cerámicas serranas nos crea un problema en nuestras clásicas explicaciones del fenómeno de poblamiento de la sierra.

Esto podría contextualizarse mejor si vemos el comportamiento por sectores del estándar de pasta, a pesar que el tamaño y características de la muestra cerámica no son los adecuados. En la Tabla 8 se resume el comportamiento de pastas, a partir de los tres estándares más representativos del sitio.

Tabla 8: Distribución de estándares de pasta en sectores. (Según índice de masa)

Estándares de pasta

Noroeste

Nordeste

Oeste

Este

Cima

Total General

220

63.9

6.6%

75.8

21.0%

31.8

9.4%

12.4

4.3%

   

183.9

400

200.4

20.7%

116.5

32.2%

143.4

42.3%

140.3

48.4%

178.8

36.0%

779.4

500

651.6

67.2%

160.5

44.4%

153.9

45.4%

131.9

45.5%

243.9

49.1%

1341.7

Total general

969.1

100.0%

361.3

100.0%

339.2

100.0%

290.0

100.0%

496.3

100.0%

2455.8

La mayor proporción del estándar 500 se ubica en el sector Noroeste (67%), cercano a las chulpas, mientras que la menor en el sector Este (45%), el sector opuesto y único sector donde el estándar 400 tiene una representación algo mayor (48%).

La mayor presencia de estándar 220 está en el sector Nordeste, un sector también cercano a las chulpas, mientras que en la cima no tenemos representación, lugar donde el estándar 500 también prima.

A pesar de estas diferencias, el comportamiento general de la cerámica distribuida en sectores tampoco nos ofrece patrones claros y luego de estos ejercicios debemos concluir que la cerámica decorada preponderante en el pukara pertenece a los estilos de la Cultura Arica, mientras que al considerar la cerámica en su conjunto vemos que la tradición serrana de formar vasijas es mayoritaria, seguida por tradiciones de valles bajos.

La cerámica altiplánica alcanza siempre una importancia menor con relación a estas dos tradiciones.

9. DISCUSIÓN: DESARROLLO CULTURAL EN CAILLAMA Y EL CONTROL POLÍTICO DE LA SIERRA

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Una visión en conjunto del entorno cultural de la sierra de Arica y la evidencia de estilos de cerámica en el pukara nos indican una ocupación desde el año 1100 dC hasta los momentos previos a la llegada del Imperio Inka a los Andes del sur, es decir, previo a 1450 dC.

No existen evidencias de cerámica u otros artefactos provenientes de las redes de interacción Inka que se manejaban desde el altiplano. Con esto, se hace difícil pensar que una aldea tan cercana a un establecimiento Inka como el Tambo de Zapahuira, haya sido contemporánea y no hayan llegado artefactos que dieran cuenta de presencia Inka.

Por tanto, hacia el año 1400 dC el pukara de Caillama fue abandonado por razones aún desconocidas. La cercanía de poblados contemporáneos, como el de Laco Alto y Laco Bajo, pueden explicar conflictos y disputas sobre terrenos productivos, pero no en definitiva el abandono de Caillama.

La cantidad de material arqueológico en superficie y la presencia frecuente de densas capas estratigráficas nos indican que la ocupación del poblado fue relativamente larga. Excavaciones y sus consiguientes fechados podrían clarificar este aspecto.

Los análisis de la cerámica registrada en los sectores residenciales de Caillama, indican una gran proporción de piezas que siguen una tradición serrana para su fabricación, en especial las vasijas destinadas a actividades domésticas. En cambio, la cerámica decorada, sigue en su mayoría patrones decorativos provenientes de tierras bajas o Cultura Arica. En menor proporción se distinguen cerámicas provenientes del altiplano o que siguen la decoración Negro sobre Rojo.

El análisis arquitectónico del poblado nos indica un aprovechamiento intenso de la cima del cerro. Los estilos y técnicas de construcción, señalan que casi todo el poblado parece haber sido erigido en un mismo momento. Este momento constructivo evidencia un alto grado de planificación que organizó la creación de pasillos que dejaron accesible una alta proporción de las unidades, lo cual es de indudable utilidad para episodios bélicos.

Sólo hacia el norte del poblado se evidencian recintos con menor prolijidad constructiva, que pudieron asociarse a actividades no habitacionales o a momentos más tardíos de la ocupación del sitio.

Con respecto a los sectores funerarios es importante señalar que este poblado presenta una situación particular en la sierra de Arica. Si bien presenta una alta proporción de cistas funerarias, es decir, un patrón de entierro frecuente en la sierra, es notable también que en el sitio se concentren una gran cantidad de chulpas, un patrón de entierro propio del altiplano.

Varios autores han señalado que las chulpas de planta rectangular construidas con barro son más frecuentes en los señoríos prehispánicos Pacaje (Provincia de La Paz) y Caranga (Provincia de Oruro) (Gisbert et al. 1996; Huidobro 1994).

Datos etnohistóricos confirman la presencia de colonias Caranga en la sierra de Arica durante los siglos XVI y XVII (Durston e Hidalgo 1997), fenómeno que continua hasta los momentos republicanos (Riviere 1979).

De acuerdo a lo anterior consideramos que estas chulpas pertenecerían a señores importantes provenientes del señorío aymara Caranga. Adicionalmente estos monumentos cumplieron una doble función: En primer lugar, sirvieron como marcadores de los límites de la influencia aymara hacia el occidente durante ese momento previo al establecimiento Inka.

En segundo lugar, gracias a estos monumentos los miembros aymara de la comunidad de Caillama pudieron ver reforzada la influencia de su ideología en expansión. Semejantes argumentos utilizaron los Inkas a través de su arquitectura de tambos y kallankas y posteriormente los españoles con las iglesias. Refuerza esta última idea la constante orientación de las puertas hacia el oriente, evidenciando así un patrón simbólico compartido con los monumentos ubicados en sitios altiplánicos.

En definitiva el sitio de Caillama muestra un rasgo particular de la extendida interrelación de varios grupos culturales en la sierra de Arica. La concentración de chulpas parece indicar la presencia del más claro enclave altiplánico en la sierra de Arica. Otros sectores de la sierra de Arica, si bien presentan evidencias de interacción con poblaciones altiplánicas, estas se hacen a través de un dominio local serrano o de valles bajos. Queda por definir mediante excavaciones, si la destrucción de las chulpas y la alta concentración de cerámica de tierras bajas en sectores funerarios y habitacionales corresponden a momentos posteriores de la fundación del pukara o forman parte del mismo proceso cultural.

Así en términos generales podemos afirmar que en la sierra, previo al dominio Inka, se vivía un dinámico proceso de interacción y conflicto, donde ciertos sectores presentaban un claro manejo local serrano (Altos de Codpa [Muñoz et al. 1987b], Belén [Romero 1999a], Socoroma [Santoro et al. 1987]), mientras que en unos pocos sectores la presencia altiplánica fue más clara, como es el caso de Caillama.

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